EE.UU, un país sometido a los apagones por el cambio climático

El Departamento de Energía de los EE. UU. afirma que eventos como el reciente gran apagón de Texas provocado por eventos extremos han aumentado un 67% desde el año 2000. Tras el suceso se ha abierto un gran debate sobre la necesidad de adaptar el sistema al calentamiento global, renovando las líneas y apostando por redes distribuidas

Imagen del Capitolio, el edificio del Congreso de Estados Unidos en Washington.
Imagen del Capitolio, el edificio del Congreso de Estados Unidos en Washington.

¿Está poco preparada la red eléctrica de EE. UU. para el cambio climático? Con esta pregunta el periódico The Guardian se plantea en un reportaje las causas y posibles soluciones para evitar en el futuro eventos como el de hace unos días en Texas. Más de cuatro millones de personas se quedaban sin luz durante una tormenta invernal. En las televisiones de todo el mundo hemos visto las largas colas que formaron los ciudadanos para conseguir comestibles o agua.

Meses antes en California se vivía algo parecido: varios apagones se sucedían en plena época de incendios. The Guardian afirma que ninguna de las líneas eléctricas está preparada para los eventos del cambio climático y apunta a un estudio del Departamento de Energía del pasado septiembre que dice que los cortes de electricidad relacionados con eventos climáticos han crecido un 67% desde 2000. A niveles más globales, otros indicadores, como el Índice de Riesgo Climático Global (IRC) de Germanwatch de 2021, confirman la relación cada vez mayor entre eventos extremos y calentamiento global: «Entre 2000 y 2019 murieron 475.000 personas como consecuencia directa de más que 11 000 fenómenos extremos. Las pérdidas rondan los 2,56 millones de dólares».

Lo sucedido en Texas es la tormenta perfecta. «Usando el lenguaje de los seguros, las tormentas de cada 100 años ahora son cada vez más frecuentes y la infraestructura no está preparada para el desafío. Según los informes, al menos 30 GW de combustibles fósiles y energía nuclear generada se desconectaron el 15 de febrero, junto con 16 GW de energía renovable», señala la revista Forbes. Todo mientras aumentaba la demanda de calefacción debido a la ola de frío.

Tras los sucesos de estas semanas se ha abierto un debate sobre redes eléctricas en estos estados, regadas de acusaciones de los dos polos políticos que le echan las culpas a factores diversos, desde las renovables en California al mal estado de las líneas o el aislamiento de la red de Texas. Para aclarar un poco las cosas hay que decir que «la situación de las redes eléctricas de los dos estados es completamente diferente; de hecho están en las antípodas. Texas cuenta con un sector muy liberalizado con muchas empresas pequeñas que compiten por ofrecer su energía, mientras California tiene tres grandes firmas que controlan prácticamente todo el mercado y están reguladas por una comisión pública», dice Joaquín Ramírez, ingeniero de Montes y fundador de la empresa Tecnosylva. La firma trabaja en prevención de incendios en California, donde están evaluando los riesgos de todas las líneas eléctricas. «Aquí siempre se hacen cortes preventivos para evitar incendios», matiza Joaquín Ramírez.

Los apagones de Texas vienen de lejos. En 2011 ya se produjo una situación parecida y «hubo un requerimiento para que las eléctricas hicieran inversiones en los generadores eléctricos contra el frío extremo, pero no se exigió a los propietarios que hicieran nada más que presentar sus planes», explica la CBS. Y por lo visto, esos mismos requerimientos ya se hicieron en 1989 por otro apagón. «Esas recomendaciones nunca fueron obligatorias y nunca sucedieron. Casi se repite el problema en 2014, sin mencionar los temores similares de escasez de electricidad en los veranos de 2011 y 2018», cuenta a su vez el Houston Cronicle.

Además de tener un economía basada en el petróleo y mucha inversión en eólica, el estado tiene la particularidad de no tener conexión ala red estatal; así, indican algunos medios, evitan la regulación de la Comisión Federal, que supervisa la red en el resto de los Estados Unidos. Esa independencia tiene un precio: cuando la red está estresada, Texas no puede aprovechar otra energía.

Entre las posibles soluciones a la que apuntan los medios americanos está la de aumentar las interconexiones en Texas o, en el caso de California, implantar sistemas de almacenamiento para la producción renovable. «La red eléctrica de cada estado debe planificarse para eventos meteorológicos más extremos debido al cambio climático. Sin embargo, Texas es excepcionalmente vulnerable, ya que está casi completamente aislado del resto de los Estados Unidos. El cambio climático nos ha demostrado lo interconectados que estamos y hay que tenerla en cuenta a la hora de mitigarlo. Por eso reducir las emisiones de CO2 resulta clave. Por otro lado, hay que hacer las infraestructuras más resistente a los cambios inevitables. Necesitamos construir una red eléctrica e infraestructura en general para el clima extremo de mañana, no para el de ayer», opina Gernot Wagner, profesor de Economía y Clima en la Universidad de Nueva York y autor de «Climate Shock».

Otra solución inapelable, amén de mejorar la conservación de las líneas, es apostar por redes distribuidas. «Los científicos abogan por un sistema energético descentralizado que permita a las comunidades generar y almacenar su propia energía, utilizando fuentes renovables, al tiempo que se invierte en infraestructuras que permitan a las regiones compartir la energía cuando se produzca un desastre», dice el New York Times.

Por su parte, The Conversation recuerda que «en los sistemas de energía que dominan América del Norte y Europa, la electricidad se genera en grandes cantidades lejos de los centros de población y se transmite por líneas eléctricas a largas distancias. Más de 430.000 kilómetros de líneas de transmisión atraviesan EE. UU. La generación de electricidad local puede proteger a las comunidades de estos desafíos». De hecho, durante los incendios forestales en California hubo un corte de electricidad a dos millones de hogares. Sin embargo, Blue Lake Rancheria, una comunidad indígena en el noroeste de California que había construido previamente una microrred, pudo proporcionar electricidad generada por energía solar a hogares y negocios, mientras que el resto de los californianos se quedaban sin electricidad durante el mismo periodo.