El caso Vivotecnia abre el debate de la experimentación animal

El último informe de Europa dice que 9,58 millones de animales fueron usados en laboratorios en 2019. Las cruentas imágenes que se han hecho públicas hacen preguntarse en qué casos se usan seres vivos y si son necesarios

Un estudio publicado por Ipsos Lori en 2019 en Reino Unido reveló que dos tercios de los encuestados estaba preocupado por la investigación con animales, incluso si beneficia la salud humana. El 86% estaba en contra de utilizar perros y monos y un 79% dijo que no a las pruebas con cerdos
Un estudio publicado por Ipsos Lori en 2019 en Reino Unido reveló que dos tercios de los encuestados estaba preocupado por la investigación con animales, incluso si beneficia la salud humana. El 86% estaba en contra de utilizar perros y monos y un 79% dijo que no a las pruebas con cerdos FOTO: fotofreaks dreamstime

El pasado 7 de abril la organización Cruelty Free Internacional (CFI) hizo público un vídeo realizado durante dos años (20182020) por una trabajadora de la filial en Madrid del laboratorio de experimentación animal Vivotecnia. Las durísimas imágenes de conejos con lo ojos ensangrentados, primates con mirada de terror, cachorros de perro que reciben zarandeos, mientras se escuchan los exabruptos del personal, incendiaron las redes y, de forma inmediata, consiguieron movilizar a decenas de activistas en la sede de la compañía en Tres Cantos.

La Comunidad de Madrid ha paralizado la actividad de la empresa, la web de Vivotecnia se encuentra desde hace varios días en modo de mantenimiento y las demandas no paran de llegar. Entre ellas, la de AnimaNaturalis y la Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales (FAADA), que han decidido denunciar a Vivotecnia penalmente. «A ver qué pasa con los animales. Varias entidades han interpuesto en el juzgado de Colmenar una querella, por lo que la Comunidad de Madrid ha decidido no intervenir. Ahora el juez deberá acordar medidas, como el decomiso de los animales», explica Anna Estarán, abogada especializada en derecho animal de FAADA. Esta semana varios santuarios se han ofrecido para acoger a los animales, sin embargo, Estarán recuerda que «primero habrá que inspeccionar en qué situación se encuentran y depende de lo que se estuviera investigando llevar a cabo las cuarentenas preceptivas y los tratamientos veterinarios adecuados».

Mientras los animales (se rumorea que son más de mil) esperan, el caso ha provocado una lluvia de condenas del mundo científico, desde La Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE) a la Asociación Europea de Investigación Animal (EARA) o el CSIC, y ha abierto el debate sobre la experimentación animal. Con estas imágenes y con una pandemia encima, ¿es buen momento para hablar de si es necesaria o no esta práctica? ¿Hay alternativas? ¿Cuántos animales se utilizan para estos fines en Europa cada año?

Existen dos normativas que rigen el uso de animales utilizados en procedimientos científicos: la Directiva de la UE 2010/63 y el Real Decreto 53/2013 en España. «Ambas dicen que las pruebas con animales solo están permitidas en determinadas circunstancias, que se debe respetar el bienestar animal y que se utilicen métodos alternativos cuando sea posible, es decir, métodos que no usen animales vivos o enfoques que involucren menos animales o menos sufrimiento. Vivotecnia ha infringido sistemáticamente estas dos leyes al causar niveles innecesarios de sufrimiento animal. Por otro lado, argumentamos que el laboratorio infringe la ley de bienestar animal más general en España (Ley 32/2007) debido a la clara crueldad», dicen desde Cruelty Free International. Anna Mulá, abogada y vicepresidenta de INTERcids (operadores jurídicos por los animales detalla: «El Real Decreto reconoce que la experimentación, y cito textualmente, conlleva dolor, angustia y daño duradero en los animales. La intención del resto de la legislación es minimizar ese dolor con las tres r (reemplazo, reducción y refinamiento…). En este caso, que me temo que no es tan aislado, han faltado controles y auditorías. El manejo y el trato a los animales es terrible y las conductas no parece que se realicen dentro del marco legal que ampara la experimentación. El camino es el reemplazo y la comprobación de cómo se trabaja en estos laboratorios».

Lluis Montoliu, presidente del Comité de Ética del CSIC, lleva 30 años de actividad en este sector y es, además, uno de los promotores del Acuerdo de Transparencia sobre el uso de animales en experimentación científica en España. Estos días no para de manifestar su consternación y la condena de estos sucesos. «Han fallado todos los controles. Es muy difícil obtener premiso para experimentar con animales. Es un privilegio que tienes que monitorizar muy bien y justificar. Estos días estoy atendiendo a muchos medios trasladando el mensaje de los beneficios que tiene la experimentación. Ese vídeo hace mucho daño y no es representativo. Cuando se pide permiso para experimentar con animales se tiene que justificar muy bien. La legislación es muy clara y tanto de la Directiva como de la ley española tienen como fin último sustituir la experimentación en animales, pero en estos momentos sigue siendo necesario. Por ejemplo, los test de toxicología cada vez más se realizan más con métodos alternativos, pero en enfermedades raras o para la vacuna contra la Covid no hay otra que usar animales.

Cada país miembro tiene que informar anualmente a la Comisión del número de animales con los que ha experimentado, para qué los ha usado, de qué especie se trata y el tipo de investigación y grado de sufrimiento que ha padecido el animal. El último informe de 2019 arroja algunos datos de interés: «El número de animales utilizados asciende a 9,58 millones. El 61% son ratones, el 13% peces, el 12 ratas, el 8 otros mamíferos… Los perros, gatos y Primates No Humanos representan el 0,3%». Los motivos por los que se usan, dice la Comisión son en «el 45% de los casos para investigación básica, otros 23%, investigación traslacional y aplicada». En España el número de animales, según datos públicos asciende a 800.000 ese año.

El uso es precisamente uno de los argumentos que eximen desde el Centro de Ética Animal de la Universidad Pompeu Fabra para posicionarse en contra de la presencia de animales en laboratorios. «La mayoría de los experimentos no tienen que ver con estudios sobre el cáncer o la diabetes como dice la ciencia muchas veces. La mayor parte tiene que ver con investigación básica que luego no tendrá ninguna aplicación. A mí me parece incorrecto en cualquier caso, pero al menos que se deje solo lo indispensable que no tiene alternativa para minimizar el uso de animales. Hay mucha rutina e inercia en la experimentación y todos los esfuerzos que se hacen aquí no solo dañan a los animales, sino que además se dejan de emplear en buscar alternativas. La regulación está muy bien pero no van a la raíz del problema que es que le metemos cosas por los ojos, la boca, etc., a estos animales Es un oximorón hablar de experimentación y bienestar», dice Nuria Almirón, profesora y miembro del Centro.

«Desde 2009 hasta 2017, el número de animales que se usa en experimentación ha descendido un 40%. Algo estamos haciendo bien, pero hay que seguir. Lo que más preocupa de un caso como este, que espero no se repita, es la falta de empatía con los animales que se ve en el vídeo», dice Montoliu. El investigador recuerda que a día de hoy no tendríamos las vacunas contra la covid-19 sin los ensayos realizados sobre diferentes modelos animales.

En este sentido, el NY Times afirma en una reportaje del pasado mes de febrero que el número de primates no humanos en EE UU para investigación de la vacuna está llegando al mínimo. «El mundo necesita monos, primates con un ADN muy parecido al de los humanos, para desarrollar vacunas contra la COVID-19. No obstante, una prohibición reciente a la venta de vida salvaje procedente de China, el principal proveedor de animales de laboratorio, ha exacerbado una escasez mundial provocada por la demanda inesperada a causa de la pandemia». De hecho, en los informes de la Comisión se confirma «un aumento en el uso de primates no humanos de un 15% ya entre 2015 y 2017».

CAUTELA

Hay muchas cosas que no se saben todavía de este caso, por ejemplo en qué circunstancias se hizo el vídeo, si la dirección sabía lo que ocurría en su sede (eso argumenta la trabajadora). Motivos por los que desde la Sociedad Española para las Ciencias del Animal de Laboratorio (Secal) piden prudencia: «Los primeros sorprendidos somos los que cuidamos a los animales de laboratorio. Hay que investigar el contexto de las imágenes, ser cautelosos porque puede que se haya intentado hacer daño a la empresa. Esas imágenes no representan la experimentación animal. Cualquier institución que quiere usar animales tiene bastantes restricciones y necesita permisos a nivel de instalación, de personal y cada experimento tiene que estar aprobado por un comité interno y por la autoridad competente. Cada vez que pasa una de estas cosas nos quitan diez años de trabajo», afirma Juan Rodríguez, veterinario y vicepresidente de Secal.