Contra el fósil

Ramón Tamames
Ramón Tamames FOTO: Cristina Bejarano La Razón

En 1974, tras la virtual derrota de EEUU en Vietnam, Zbigniew Brzezinski, gran asesor del Presidente de EEUU Jimmy Carter, pretendió defender el capitalismo norteamericano frente a sus adversarios con la creación de dos instituciones. La primera fue la Trilateral, abarcando a los representantes de las principales empresas de Europa, América y Asia, del capitalismo más avanzado de entonces. En la idea de una cooperación al más alto nivel, buscando una sinergia innovadora. El resultado fue que grandes directivos de esas tres áreas del mundo se unieron en una labor conjunta, en pro de un mayor dinamismo tecnológico y mayor valoración de los recursos humanos, para mantener el capitalismo en renovado vigor.

La segunda operación de Brzezinski, fue la Agencia Internacional de la Energía (AIE), con sede en París. Como instrumento anticartel frente a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP); que había impuesto, con recortes de oferta de crudo, fuertes elevaciones del entonces indispensable petróleo, desde 1973, pasando de tres dólares barril a 14. Hoy, la AIE resurge en todo su esplendor, podríamos decir, reclamando el fin de los combustibles fósiles, y fundamentalmente del petróleo. Con un conjunto de 400 medidas a adoptar por sus Estados miembros, siguiendo una cronificación interesante: 2021, cierre de todas las centrales de carbón y no desarrollo de más pozos petroleros; 2030, el 60 por 100 de los automóviles han de ser eléctricos; 2035, el 50 por 100 de todos los camiones, ídem de ídem; 2050, descarbonización de cualquier clase de vehículos y electrificación total a base de renovables.

Este manifiesto de la AIE viene a reforzar las políticas preconizadas por la Unión Europea, en cumplimiento del Acuerdo de París de 2015: fin del sistema fósil, y paso definitivo a las energías alternativas del agua, sol, viento y biomasa.