Rebeca Atencia, Premio Nacional SGE: «Los chimpancés me han protegido en la selva y uno de ellos me salvó la vida»

Rebeca Atencia
Premio Nacional SGE
Rebeca Atencia Premio Nacional SGE FOTO: La Razón La Razón

Elegida por la revista «Newsweek» como una de las 20 mujeres que inspirarán a las nuevas generaciones, esta veterinaria galle galle va más de veinte años afincada en el Congo trabajando por la defensa de los chimpancés. Se la ha llegado a llamar« la nueva Jane Goodall» y ha sido la propia primatóloga británica quien ha avalado la trayectoria de Atencia (Ferrol ,1977) y su labor. En la actualidad es Directora Ejecutiva del Instituto Jane Goodall en Congo y, ayer, recibió el Premio Nacional de la Sociedad Geográfica de España (SGE) en Madrid.

¿Cómo es tu día a día?

Vivo entre España y África. Por lo general, realizo labores administrativas y desarrollo ideas para aplicar a nivel nacional en Congo y fuera, por ejemplo, en Guinea. Excepto cuando me llaman para una misión de urgencia. A lo mejor me tengo que ausentar tres semanas para rescatar gorilas, a veces tengo que ir a la selva a llevar unos mandriles... ¡y luego tengo una reunión con un ministro africano!

¿Cómo llega una niña gallega a trabajar en el Congo?

Como en un sueño. Desde pequeña, el mío era ser veterinaria para hacerme amiga de los chimpancés y reintroducirlos en la selva. Tuve la suerte de que mi madre siempre creyó en mí. Acabada la carrera me fui a Congo y, de repente, allí estaba, sola en mitad de la selva, haciéndome amiga de los chimpancés, siguiéndolos... Ahora pienso que estaba loca. La selva es muy bonita, pero es muy dura y peligrosa. Lo mejor ha sido que al haber vivido mucho con ellos se establece un vínculo mágico, que tú no creas, sino que aparece. Es como una amistad. De hecho, más de una vez, los propios chimpancés me han protegido de animales salvajes o me han avisado de la presencia de serpientes y depredadores.

¿Los chimpancés protegen?

Me ha pasado más de una vez. En una en concreto, casi me matan. Lo más complicado de los chimpancés es que pueden ser muy agresivos entre ellos y contigo también. Son peligrosos, gigantes (unos 80 kilos) y súper fuertes. Un día, estábamos reintroduciendo a uno de ellos y se creyó que quería robarle una hembra, así que me mordió en la cabeza. Pensé que iba a morir a manos de un chimpancé protegiendo a los chimpancés, era el colmo de los colmos [ríe]. Pero, cuando llamó a sus «amigos» para que siguieran atacándome, resultó que uno de ellos era Kutu, un ejemplar al que yo había tratado desde bebé, así que cuando me vio, comenzó a atacarle a él en vez de a mí y los demás se sumaron. Fue un momento terrorífico, pero muy bonito. Que a un ser humano le proteja otra especie en vez de la suya... Me marcó tanto que, de hecho, mi hijo se llama Kutu.

Es extraordinario que los animales a los que el ser humano daña sean capaces de protegernos.

Es cierto. Mi experiencia me marcó hasta el punto de que, cuando Jane Goodall me sacó de la selva, vi lo que los humanos estábamos haciendo: camiones con troncos milenarios talados salían uno detrás de otro de la selva y ya, para mí, no era solo un tronco. Era un brazo, una parte de ser, eran las frutas que da a todos los animales a los que alimenta… Te entra odio, y te das cuenta de la importancia de lo que hacemos y las elecciones que tomamos día a día. Porque esa madera no se queda en Congo, va a Galicia, por ejemplo, porque alguien quiere tener en su casa un mueble hecho con madera exótica.

¿Cómo conoces a Jane Goodall?

Fue como una película. Fue en uno de esos momentos en los que estaba sola en mitad de la selva, cuando de repente apareció y me ofreció trabajar con ella. Ya me habían llegado ofertas de empleo en España, pero quise quedarme aquí. A África sabes cuándo llegas pero no cuándo te vas a quedar. Para los chimpancés de Jane conseguí unas islas de selva virgen para soltarlos, hemos logrado reducir el furtivismo en Congo y tenemos un gran impacto a nivel nacional. ¡A nivel nacional! Cuando digo eso ya me parece increíble, pero es que ahora estamos trabajando a nivel internacional. Viajamos a otros países y les enseñamos nuestras estrategias para proteger la selva.

Y Jane, ¿cómo es?

Tiene espíritu de niño en cuerpo de mayor. La forma que tiene de hablar... Ella te habla del futuro de aquí a 10, 20 o 30 años y, aunque no va a estar, cree en él al igual que creyó en mí cuando yo tenía 20 años. Jane cree ciegamente que los humanos podemos cambiar el mundo.

¿Tienes fe en el ser humano?

Sí, me la ha dado África. Cuando llegué a Congo me impactó ver que vendían chimpancés vestidos delante de las farmacias, la policía pasaba y no hacía nada. Ahora, los congoleños han cambiado. El año pasado una de nuestras chimpancés enfermó y movilizó al país. Hasta la propia ministra llamaba para saber si estaba viva. La mentalidad está cambiando. El ser humano tiene un gran capacidad para destruir, pero también para reconstruir.