300 telescopios para no perder detalle de lo que pasa en el Sol

China construye el mayor observatorio para salvar Internet de una eventual tormenta solar

El conjunto de telescopios DSRT estudiará las dinámicas solares
El conjunto de telescopios DSRT estudiará las dinámicas solares FOTO: Alex Cherney EFE

China nos tiene acostumbrados históricamente a desarrollar proyectos que muy bien pueden calificarse de colosales. Desde la Gran Muralla, la Presa de las Tres Gargantas, -la planta energética más grande del mundo-, al puente de Dayang Kunshan, también el más grande del mundo, es como si nada se le pusiera por delante al gigante asiático.

Ahora su reto es construir el conjunto de telescopios más grandes del mundo, el Daocheng Solar Radio Telescope, (DSRT).

Si la Gran Muralla fue un proyecto defensivo y la Presa de las Tres Gargantas tenía por objetivo generar energía para millones de personas con sus 42 turbinas con una potencia total de 22.500 MW totales, la misión de este observatorio va a ser estudiar y vigilar las dinámicas solares, además de captar con la mayor precisión posible el inicio de una tormenta solar. Con ello se trataría de prevenir sus consecuencias y desarrollar mecanismos de protección.

Uno de los efectos más graves que produciría en la Tierra una tormenta en el astro rey podría ser el colapso de Internet. De manera que disponer de información sobre la proximidad e intensidad de un fenómeno de estas características permitiría proteger los sistemas sobre los que se basa el funcionamiento de la Red.

Tecnología protectora de tecnología

El DSRT, en realidad, es un conjunto de 313 antenas, con platos de seis metros de diámetro situadas en una circunferencia de 3,14 kilómetros, más una torre central de calibración. Si todo va según lo previsto por las autoridades chinas, el telescopio podría estar terminado a finales de este mismo año. conjunto de antenas se centrará en detectar las eyecciones de masa coronal (CMEs), unos fenómenos que lanzan al espacio una gran masa de partículas altamente magnetizdas procedentes, precisamente, de la corona solar o parte externa de la estrella. Eso es una tormenta solar.

Según el investigador del Instituto Astrofísico de Canarias, Héctor Socas-Navarro, «los ciclos del Sol se abren y cierran cada 11 años. En 2020 comenzó un periodo de máxima actividad y alcanzará su culmen más o menos a mediados de esta década. En todo este tiempo las tormentas pueden ocurrir dos veces en un mes o dos veces en un mismo día».

En general, estas corrientes de partículas que se forman en el campo magnético de la Tierra, solo causan auroras boreales y, al menos las registradas en esta década no han causado mayores problemas: el campo magnético y la atmósfera son un aislante eficacísimo y nos protegen, a los terrícolas, perfectamente.

Ahora bien sí que pueden poner en riesgo los satélites y sistemas de telecomunicaciones como los GPS, radares, cableados eléctricos, líneas ferroviarias, oleoductos gaseoductoso, cables submarinos, etc. Y, cómo no, en ese etcétera se incluye Internet.

Por ello, la detección temprana de una situación así se revela como fundamental. Solo con decir que un colapso en la Red de un solo día, tendría un impacto económico de unos 7.000 millones de dólares en pérdidas en Estados Unidos y de 6.000 millones de euros en la Unión Europea.

China toma posiciones

Agencias espaciales como la NASA o la europea ESA disponen de instalaciones y sistemas propios de detección temprana, satélites que aportarían la información de una eventual llegada masiva de plasma solar con cierta antelación como para que fuera posible tomar medidas de protección de las infraestructuras tecnológicas más vulnerables.

Probablemente con el objetivo de situarse en esa vanguardia de conocimiento, además de disponer de él con recursos propios, China se ha planteado la construccción de este observatorio solar, que ha situado en la Prefectura autónoma tibetana de Garzé, en la provincia de Sichuan, en el centro del país.

Las descargas adicionales de partículas suelen producirse entre finales de agosto y principios de septiembre, precisamente una de las épocas del año en que se pueden observar de las auroras boreales.

Quizá para esta primera etapa, el Daocheng Solar Radio Telescope, no esté todavía en funcionamiento. Pero lo que parece claro es que en 2023 podrá comenzar a aportar toda la información que los científicos chinos esperan de él.

Y, en todo caso, para las próximas ocasiones en que la NASA avise del impacto en la Tierra de un «filamento en forma de serpiente», como hizo a mediados de julio pasado, su información pueda ser complementada con la proveniente del DSRT.