Día del plato único
Día del plato únicoarchivo

Día sin postre: los impuestos indirectos de la dictadura

El régimen dictatorial establecido en Barcelona tras la Guerra Civil se sacó de la manga tres impuestos: dos voluntarios y uno obligatorio

El nuevo régimen dictatorial establecido en Barcelona, después de la Guerra Civil, tuvo la necesidad de recaudar impuestos indirectos para la beneficencia. Por eso se sacó de la manga tres impuestos. Dos voluntarios y un obligatorio. Los voluntarios eran el Día sin postre y el Día del plato único. El obligatorio era la Prestación personal al Servicio del Estado. Vamos a ver que consistían.

Día sin postre

Consistía en quedarse sin comer postre un día a la semana y dar el dinero al Estado. Se inauguró en Barcelona una oficina recaudatoria. Sólo funcionó de julio a noviembre de 1939. No tuvo repercusión en la ciudadanía. Se consideraba que, por familia, se aportaría una peseta semanal. Se aplicó, más o menos, en los restaurantes, hoteles y bares. En algunas comidas oficiales se hacía el gesto de no tomar postre para ayudar a la beneficencia. Esto se hacía para aparentar. La verdad es que la oficina apenas recaudó nada y fue cerrada por su inoperancia. Era lógico, el sacrificio era mínimo. Al ser voluntario, difícilmente se podía establecer un día en el que una familia no comiera postres. Caso contrario ocurría en los lugares públicos. Aquí sí que se podía presionar. Por ello, bares, restaurantes y hoteles fueron los únicos centros que sufrieron el impuesto del Día sin postre.

Instrucciones de los impuestos indirectos durante la dictadura
Instrucciones de los impuestos indirectos durante la dictaduraarchivo

Día del plato único

Consistía en quedarse sin comer uno de los dos platos de la comida o de la cena. Como en el caso anterior, el dinero recaudado se destinaría a beneficencia. La aportación familiar estimaba en 8 pesetas semanales. También era un acto recaudatorio voluntario. El Día del plato único se creó el 30 de octubre de 1936 y, a diferencia del anterior, este sí que tuvo repercusión a nivel civil. Como era voluntario nadie estaba obligado pero, si los bares y restaurantes. De estos comercios es de donde se percibía más dinero. Por ejemplo, esta imposición a los restaurantes hizo que los jueves no se pudieran celebrar banquetes de boda, ante la imposibilidad de servir una comida completa. ¿Por qué el jueves? El gobierno estableció que ese día era el de la recaudación en bares, restaurante y hoteles. De aquí viene la tradición que los jueves se sirve en los restaurantes arroz. Como era plato único debía ser consistente y el arroz aportaba no sólo alimento, sino que llenaba los estómagos.

Día sin postre
Día sin postrearchivo

Prestación personal al Servicio del Estado

Era obligatoria para todos los hombres de 18 a 50 años. Se estableció en el mes de mayo de 1939. La prestación obligatoria equivalía al importe de quince jornales anuales. Estos se pagaban cada trimestre. Es decir, de 90 días trabajados se pagaban 45. La medida era inquisidora. Los sueldos en Barcelona no eran para tirar cohetes. Si, por ejemplo, un trabajador cobraba 60 pesetas semanales, por ocho horas laborales y por 7 días a la semana, esto significaba que en un mes de 4 semanas, cobraba 240 pesetas. Un día de trabajo equivalía a 8 pesetas. Con lo cual, después de descontar la prestación, el trabajador cobraba, mensualmente, 120 pesetas. O lo que es lo mismo, la mitad de su trabajo era para el Estado. Esta medida era demasiado represora para unas familias que sobrevivían en la pobreza. Eso sí, el gobierno dio soluciones al problema. Había dos excepciones:

“La obligación referida podrá redimirse directamente abonando su importe en efectivo o cumplir mediante la intensificación del trabajo habitual de acuerdo con el patrono y entregando éste el importe”.

La primera excepción era difícil cumplirla. No estaban las cosas para grandes alegrías. La segunda suponía hacer horas extra. Estas no eran cobradas por el trabajador y todo el dinero era abonado al Estado. De este modo se reducía la obligación. No dejaba de ser una explotación al trabajador. Trabajaba gratis para el Estado. A pesar de la obligatoriedad, hubo dificultades para cobrarlo. La economía española de posguerra no estaba para este tipo de impuestos. Por eso a mediados de 1940 se suprimió.

Subsidio al combatiente
Subsidio al combatientearchivo

Subsidio al combatiente

Era un gravamen del 20% sobre consumiciones en bares, perfumes y artículos de lujo, espectáculos públicos, aparatos radiofónicos, y de un 10% sobre otros artículos, siempre que no fueran artículos de primera necesidad. Este 10% se aplicó preferentemente en los taxis, los juguetes y las pastelerías. Además, los industriales tenían que pagar un 25% de recargo sobre su producción. Esta obligación no fue seguida por los empresarios. De aquí la nota de la Comisión del Subsidio, donde se decía:

“Habiéndose observado poco celo por parte de las llamadas de agradecimiento que deben a la Patria, que los redimió de la barbarie roja, mostrando mucha resistencia pasiva a cumplir las leyes y órdenes del nuevo Estado, se da un plazo último e improrrogable de 3 días para que cumplan con éste precepto los que no lo hubieran hecho, y les significa a los interesados que estoy dispuesto inflexiblemente a proponer al Ilmo. Jefe Provincial las sanciones morales y materiales a que haya lugar, pasando el tanto de culpa a los tribunales de Justicia, publicándose todo en la prensa local para ejemplo de que para algo se ha derramado en España un torrente de sangre”.

Teniendo en cuenta lo que hemos explicado sobre los tres primeros impuestos, según el Estado, la base impositiva debería estar en relación con las posibilidades económicas de cada familia, tomando por ejemplo una que estimaba el presupuesto diario para comer en 20 pesetas, se podría establecer el siguiente cálculo para la evaluación de la cuota mensual:

  • Semanalmente: Lunes “Día sin postre”. 5% de 20 pesetas: 1 peseta. Jueves “Plato Único”. 40% de 20 pesetas: 8 pesetas. Ahorro semanal: 9 pesetas.
  • Cuota mensual: 9 x 4 = 36 pesetas.

Sobre esta cuota era lógico admitir aumentos o disminuciones, según las posibilidades económicas de la familia.