Opinión

Junqueras desde la cárcel: «Se nos rompió el amor»

El mundo independentista está peleado ya públicamente. El pacto de la Diputación de Barcelona entre JxCat y el PSC es la gota que ha colmado el vaso y enfurecido a Esquerra Republicana. «Estamos en guerra civil», afirman dirigentes de ERC, que admiten una lucha descarnada entre los soberanistas. Los republicanos quieren elecciones en Cataluña antes de la sentencia del «procés», mientras Quim Torra, ahora camino del banquillo judicial, desea convocar el mismo día en que se haga público el fallo del Tribunal Supremo y proclamar la Declaración Unilateral de Independencia (DUI). La alianza entre el PDeCAT y los socialistas agrava una división que puede también afectar a la investidura de Pedro Sánchez. Según fuentes de ERC su líder, Oriol Junqueras, a través de personas que le han visitado en la cárcel, ha hecho llegar un mensaje muy claro a los postconvergentes y al PSOE: «Se nos rompió el amor», les aseguró en plan metafísico. En paralelo, las bases del partido asambleario presionan para rechazar la abstención en la investidura del socialista Pedro Sánchez.

Oriol Junqueras cumplió el pasado jueves, 11 de julio, 616 días en prisión y, según quienes acuden al centro penitenciario de Lledoners, mantiene una actitud profundamente mística. «Parece un sofista», dice un dirigente de ERC que le ve a menudo. De hecho, acaba de publicar un libro de reflexiones religiosas con un monje benedictino del Monasterio de Montserrat, Hilari Raguer, claramente independentista, que le visita todas las semanas. En sus escritos, que han comenzado a distribuirse por toda Cataluña, Junqueras analiza textos de la Biblia, ensalza los Salmos, y se declara un fervoroso de San Pablo y el apóstol Santiago el Menor. Para el líder republicano, un declarado creyente, las epístolas de Santiago justifican las revoluciones, defienden la justicia social y a los desamparados. También cita a Lutero, Nietzsche y otros filósofos, al Papa Francisco, habla del ayuno, la pobreza, los oprimidos bajo los yugos opresores, la Cristiandad en Europa y las revueltas campesinas.

En el terreno político, el pacto de la Diputación de Barcelona, un organismo de gran influencia y abultado presupuesto, que ha hecho presidenta a la socialista Nuria Marín, ha enojado mucho a ERC. «Habrá un antes y un después», asegura su portavoz, Marta Vilalta. En similares términos se expresan los miembros del actual triunvirato de poder republicano, el vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonés, el presidente del Parlament, Roger Torrent, y el portavoz en la Cámara autonómica, Sergi Sabriá. A pesar de que el diputado en el Congreso, Gabriel Rufián, a quien consideran «una simple marioneta», lanza mensajes a favor de la abstención en la investidura de Sánchez, la auténtica cúpula de ERC no lo tiene tan claro: «Tendríamos un coste enorme y veremos si nuestras bases lo permiten», admite uno de ellos. En estos momentos, ante la proximidad de unas elecciones autonómicas en Cataluña, la abstención se presenta difícil, añaden estas fuentes.

En el PDECaT la fractura es muy grande entre la posición oficial de votar contra Pedro Sánchez y un sector que prefiere la abstención. Desde Waterloo, el fugitivo Carles Puigdemont mantiene la línea dura y lanza un mensaje de unidad a las fuerzas soberanistas. Pero el acuerdo de la Diputación barcelonesa ha encendido las alarmas. «Lo único que les interesa es repartirse cargos y dinero», acusan desde ERC a los convergentes, entre los que su presidente, David Bonvehí, ha jugado un papel esencial para lograr el acuerdo con el PSC. La mala relación entre los dos socios separatistas no afecta, por ahora, a la estabilidad del Govern, aunque la convivencia en el Palau de La Generalitat es «cada día más difícil», reconocen varios de sus miembros. La apertura de juicio oral al presidente Quim Torra por desobediencia a la Junta Electoral Central al negarse a retirar los lazos amarillos es otro mazazo que aviva la tensión. «Esto ha tocado fondo», asegura la ex consellera Elsa Artadi, integrante del núcleo duro del prófugo Carles Puigdemont y musa del separatismo.

A escasos días de la investidura de Pedro Sánchez, todo parece estar en el aire, aunque el PDeCAT se inclina por votar en contra. La presión de las bases de ERC y de las organizaciones independentistas como la ANC y Omnium Cultural, que planean calentar la calle, puede ser determinante, máxime ante unas inminentes elecciones en Cataluña, bien antes de la sentencia como desea Esquerra, o el día de su publicación prevista para finales de septiembre. De momento, hasta el veredicto del Tribunal Supremo, fuentes soberanistas admiten que habrá «una batalla sin cuartel» entre los dos grandes partidos que la pivotan, JxCat y Esquerra Republicana. Los pocos lazos de confianza que quedaban entre ambos se han deshecho por los pactos locales, donde en el PDeCAT recuerdan que los republicanos también han sellado acuerdos con el PSC en varios ayuntamientos. Los dardos entre unos y otros son constantes.

La presión de las bases de ERC, un partido claramente asambleario, puede ser clave para el desenlace final. Sin la abstención de ERC, junto a la consulta de Pablo Iglesias también a las suyas en Podemos forzando un gobierno de coalición, la investidura de Pedro Sánchez se complica. Para colmo, el juicio oral de Quim Torra, el cuarto presidente de la Generalitat imputado, denigra por completo a la Institución. Mientras, Oriol Junqueras medita en sus reflexiones desde la cárcel sobre los oprimidos integrados en Jesús y el Apocalipsis. Y asegura que el Dios de Lucas, el evangelista, es el Dios de la Misericordia. Como dicen algunos empresarios, «que Dios se apiade de Cataluña».