Cs, una oportunidad perdida

José Marco

Casi todo el mundo cuenta que Ciudadanos nació con un partido bisagra entre los bloques intransigentes de izquierdas y derechas, aquello de los «rojos» y los «azules» que tanto le gustaba a Rivera. Ahora bien, el nacimiento de Cs se debió mucho más al proyecto de crear una fuerza política constitucional, antinacionalista y pro española en Cataluña, una región abandonada por el Estado y por las fuerzas políticas adheridas a la doctrina según la cual la gobernación de Cataluña le corresponde a los catalanes, como se está repitiendo ahora en el País Vasco.

En 2006, aquel proyecto era revolucionario y tenía ante sí un gran horizonte, a la medida del rechazo que estaba causando la nacionalización de Cataluña emprendida por los nacionalistas, empresa de corte étnico, antidemocrática y antiliberal. Culminó tras el levantamiento nacionalista, cuando en diciembre de 2017 Ciudadanos llegó a ser el partido más votado de Cataluña.

La asombrosa inacción de Cs a partir de entonces se entiende si se tiene en cuenta que ya para entonces el partido había ampliado su horizonte hasta la política nacional. En este giro, que afectaba a la naturaleza misma de la organización, hubo de todo: ambición personal, tal vez hastío ante la situación catalana y la esperanza de que Madrid fuera una plataforma más eficaz. Así llegamos a la «regeneración». Cs se convirtió en su paladín, una apuesta arriesgada. La «regeneración» sólo sería rentable si Cs lograba sustituir a alguno de los partidos «viejos», otro slogan «riverista» de aquellos años. Cs se decantó por el PP. La operación fue acompañada del giro al liberalismo, difícil de entender para muchos de sus electores, algunos de sus fundadores y también en virtud del momento, tras la gran crisis de 2008.

Todo se ha terminado este 10 N. Ha fracasado otra vez la posibilidad de un partido bisagra, algo muy difícil aquí donde el «centrismo bisagrista» confunde al electorado. Y sobre todo se ha acabado con aquel intento, extraordinariamente valioso, de crear un partido catalán no nacionalista. Todo eso explica que buena parte de los votantes de Cs se hayan ido a VOX. Es muy posible que de haber persistido en su vocación primera, la situación catalana y española fuera hoy muy diferente. Y seguramente Albert Rivera, un patriota que echaremos de menos y sobre el que se abate el sino trágico de las esperanzas sin cumplir, estaría ahora entre los políticos más influyentes de España.