Sánchez puede y debe rectificar

No hay contradicción de fondo entre Pablo Casado y Núñez Feijóo en la reivindicación del Partido Popular como un partido de Estado que antepone los intereses generales a la conveniencia electoral.

DAVID MUDARRALa Razón

Desde algunos sectores políticos podrán interpretarse las posiciones que hoy defiende el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, en la entrevista concedida a LA RAZÓN, como un desacuerdo de fondo con la estrategia de radical oposición que mantiene el presidente de su partido, Pablo Casado, con respecto a la investidura del candidato socialista.

Pero, leídas detenidamente la declaraciones del barón popular gallego, se puede concluir que no hay tal. Porque cuando Núñez Feijóo señala que el PP es un partido de Estado y que sería posible volver a la casilla de salida para entablar negociaciones con el PSOE, recalca lo que todos sabemos, que el presidente del Gobierno en funciones no ha tratado en ningún momento de buscar otra alternativa al acuerdo con Podemos y con ERC, en un acto político inaceptable no sólo para Casado, sino, incluso, para una parte de los propios votantes socialistas a quienes el secretario general del PSOE explicó antes de celebrarse la repetición electoral que no pensaba pactar con la extrema izquierda que lidera Pablo Iglesias y que la sola idea de gobernar con Podemos le quitaba el sueño.

Pues bien, y el relato de los hechos que hace Núñez Feijóo es exacto, una vez que el recuento del 10 de Noviembre certificó la caída en votos y escaños del PSOE, Pedro Sánchez se desdijo de sus posiciones anteriores y aceptó un acuerdo de gobierno de coalición con los comunistas, en el que Pablo Iglesias conseguía la primera Vicepresidencia. El líder socialista fue directo a esta alternativa y el resto de los partidos políticos, entre ellos el PP, sólo supieron de los hechos consumados. A partir de ahí, Pedro Sánchez no quiso mantener interlocución alguna con Pablo Casado hasta el 17 de diciembre, en una entrevista celebrada en el Congreso en la que el presidente del Gobierno se mantuvo en sus trece. De ahí, que Núñez Feijóo advierta de que no se puede transferir una responsabilidad que es exclusiva de Pedro Sánchez, menos, cuando lo que exige es un apoyo incondicional para formar un Ejecutivo con la extrema izquierda comunista, apoyado por un partido separatista catalán que no ha renegado en ningún momento de su participación en la intentona golpista de octubre de 2017 y que manifiesta abiertamente que seguirán intentado romper la unidad de España.

Pero como señala, también, el presidente de Xunta gallega, el problema no está tanto en los independentistas, que están donde siempre han estado, como la dejación de los principios socialdemócratas de la actual dirección del PSOE y, sobre todo, de su secretario general, que ha situado al partido en un escenario sin solución de continuidad, puesto que no puede arriesgarse a celebrar unas terceras elecciones que significarían, como ya pronostican las encuestas, una mayor pérdida de votos, ni puede alejarse del precipicio separatista que significa pactar con ERC.

Pues bien, aún en estas condiciones que, siendo cínicos, a medio plazo podrían favorecer las expectativas de gobierno del Partido Popular, Núñez Feijóo mantiene que no es imposible negociar un acuerdo con los socialistas, siempre, claro, que Pedro Sánchez rectifique su incomprensible deriva. A nuestro juicio, que es, por supuesto, el que hemos venido manteniendo en la línea editorial, la alternativa de un pacto entre los dos grandes partidos constitucionalistas, con inclusión de Ciudadanos, es preferible al proyectado Gobierno de coalición con Podemos, que no sólo estaría muy condicionado por los partidos nacionalistas, sino que pone en peligro la recuperación económica de España. Pero para ello es imprescindible que el Partido Popular obtenga garantías expresas de la voluntad de cumplir tal pacto por parte del PSOE y el acuerdo previo sobre el programa político que se pretende llevar a cabo.