Editorial

Piden que dimita, pero saben que no lo hará

Con el desahogo epistolar, el secretario general de los socialistas se ha puesto en una difícil disyuntiva, pues o cumple su amenaza o confirmará sus hechuras de político tacticista, capaz de pasar por encima de todas las convenciones sociales.

AMP.- Alrededor de 350 personas se concentran por segundo día consecutivo en Ferraz para apoyar a Pedro Sánchez
AMP.- Alrededor de 350 personas se concentran por segundo día consecutivo en Ferraz para apoyar a Pedro SánchezEuropa Press

A tenor de las «apuestas» sobre la decisión que tomará el próximo lunes el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, deberían consolarse las «viudas anticipadas» del entorno gubernamental, al menos, si se tienen en cuenta los resultados del sondeo elaborado por «NC Report», que hoy publica LA RAZÓN. Vaya por delante que la gran mayoría de los encuestados, el 59,5 por ciento, quieren que haga efectiva su dimisión, pero una mayoría similar, el 62,5 por ciento, considera que no lo hará.

Es el mismo porcentaje que suman quienes no ven justificación alguna ni en la carta ni en la situación de inestabilidad política que ha propiciado la actitud del presidente y que, asimismo, opinan que perjudicará a la economía y a la imagen de España en el exterior.

Pero si el inquilino de La Moncloa pretendía con su gesto de «hombre profundamente enamorado» provocar la adhesión inquebrantable de los suyos, debemos reconocer que ha tenido éxito. La encuesta recoge que el apoyo a la figura del presidente, a sus razones y al reclamo de que permanezca en el cargo es abrumador entre quienes se declaran votantes socialistas. Ahora bien, la sospecha de que este refrendo se ha hecho desde un victimismo impropio y unas premisas calculadas para explotar el frentismo y la división de la sociedad de cara a las próximas citas electorales sólo podrá despejarse si, efectivamente, como desea la mayoría de los españoles, Pedro Sánchez anuncia su renuncia al cargo.

Porque la realidad es que, con el desahogo epistolar, el secretario general de los socialistas se ha puesto en una difícil disyuntiva, pues o cumple su amenaza o confirmará sus hechuras de político tacticista, capaz de pasar por encima de todas las convenciones sociales. Ciertamente, para que el sanchismo se encastillara en su denuncia permanente de lo malas y poco democráticas que son las derechas no hacían falta estas alforjas. Y lo mismo reza para la campaña de propaganda gubernamental contra un supuesto «batallón judicial conservador», practicante del «lawfare», y una Prensa pérfida que busca en el ataque personal la destrucción de la gran obra progresista de su Gobierno.

Nada, por cierto, que no hayamos visto ya desde que sus malos resultados en las urnas le obligaron a desdecirse y acordar una más que problemática amnistía para Carles Puigdemont y demás compañeros mártires. Pero que la mayoría de la población, incluidos muchos votantes socialistas, no esté de acuerdo con la medida de gracia no significa que se pongan en peligro los fundamentos de la democracia, simplemente, que hay ciudadanos que discrepan de la decisión y tienen el derecho de expresarse, por sí o por medio de los partidos de la oposición. Afortunadamente, la democracia seguirá funcionando en España gobierne Pedro Sánchez o no gobierne. De ello puede estar seguro a la hora de decidirse.