El desplome de la economía española

El problema es que se ha hecho poco y sólo se espera la ayuda sin condiciones de la UE.

La Razón

Las previsiones del FMI sobre la economía española son desastrosas y se suman a las que hemos conocido de otros organismos nacionales e internacionales. Era evidente que no era posible una recuperación en V y la teoría de la lámpara de Aladino o del candil de Escrivá sigo sin entenderla. Sánchez ha reconocido el «horizonte sombrío» y sufrimos la mayor contracción entre las grandes economías mundiales. Es una caída del 12,8 por ciento del PIB, un déficit del 13,9 por ciento y una deuda del 124,1 por ciento. He de reconocer que soy algo más pesimista, porque las necesidades monetarias son enormes y la política gubernamental se sustenta en favorecer un mayor endeudamiento empresarial y familiar. Las previsiones son siempre un ejercicio tan necesario como interesante, pero no me cansaré de repetir que la economía no es una ciencia exacta. Los economistas eran históricamente juristas, historiadores y filósofos. Había las escuelas de comercio que se fueron transformando, no hace demasiado tiempo, en facultades de Economía. La certeza se encuentra siempre en el análisis posterior de los acontecimientos, algo más propio de los historiadores, mientras que la previsión es un ejercicio voluntarista.

Lo que sabíamos con seguridad es que la inédita paralización de una economía durante varios meses iba a ser una catástrofe. Las diferentes instituciones no hacen más que certificar la obviedad y andamos todos inquietos ante un rebrote intenso que nos conduzca a otro disparatado estado de alarma. En este caso, el escenario resultante provocaría un incremento espectacular de la deuda pública que difícilmente podría soportar el BCE teniendo en cuenta sus limitaciones legales. La compra masiva ha permitido que no suframos una crisis de deuda soberana y el consiguiente crecimiento desbocado de la prima de riesgo. Es verdad que algo se ha aprendido. Se está formando una reserva estratégica que impedirá el desabastecimiento de productos sanitarios que ahora son de primera necesidad. El endeudamiento en las empresas provocará que muchas entren en pérdida y que todas tengan que reducir su capacidad de inversión y el pago de dividendos. A esto se une la caída del consumo, la pérdida espectacular de los ingresos que aportaban los más de 80 millones de turistas extranjeros y el retroceso en la capacidad exportadora. Este panorama sombrío hacía necesario inundar de dinero la economía y hacer importantes reformas. El problema es que se ha hecho poco y sólo se espera la ayuda sin condiciones de la UE.