Se cierra el Estrecho

Este verano los planes del mundo entero han volado por los aires. También los de más de tres millones de ciudadanos magrebíes que ya no pueden cruzar España para pasar sus vacaciones en sus países de origen

Teresa Gallardo

Entre todas esas «primeras veces» que nos ha traído la pandemia del coronavirus hay que añadir la cancelación de la Operación Paso del Estrecho (OPE). Treinta años después de que se pusiera en marcha la coordinación hispanomarroquí para organizar el cruce por suelo español de más de tres millones de ciudadanos magrebíes, este verano el Gobierno de Rabat ha dado por abortada la operación. El mundo entero se ha cerrado y España ha recibido con alivio que Marruecos considere preceptiva la prohibición para estos migrantes de atravesar la Península desde países de toda Europa para pasar las vacaciones en sus lugares de origen.

Ahora que la UE ha vetado la entrada a todos los viajeros del planeta menos los que proceden de una quincena de países, la medida se antoja muy oportuna si de lo que se trata es de ponérselo difícil al Covid-19. La OPE es el mayor movimiento humano de nuestra era entre dos continentes, Europa y África, pero gracias al buen entendimiento de los últimos años entre Rabat y Madrid no suele suponer problema alguno para el orden interior de nuestro país.

Las columnas de coches de matrícula amarilla con enormes cantidades de equipaje en las bacas superiores forman parte del paisaje de nuestras carreteras entre los meses de junio y septiembre. Primero, de norte a sur, y después en la dirección inversa para retomar la vida y el trabajo en los países europeos de acogida. Son más de tres millones las personas que este verano no podrán pasarlo en casa debido al covid y en muchos de esos casos la escapada estival es la única oportunidad anual de encontrarse con la familia más cercana.

Habrá que esperar a ver si en Navidad se da la posibilidad de esta travesía ibérica. Pero antes Marruecos debe abrir sus fronteras, algo que aún no ha hecho y a lo que parece resistirse con uñas y dientes. Desde luego hay que reconocer al régimen de Mohamed VI, tan fallido en muchos aspectos, la habilidad que ha demostrado para contener una epidemia que apenas ha matado a 225 personas en el país vecino.