Seroprevalencia: el análisis debe seguir

Una sanitaria realiza un test de seroprevalencia para cuantificar los anticuerpos frente a la COVID-19 en Torrejón de Ardoz (Madrid)FERNANDO VILLAREFE

Me congratula que el Ministerio de Sanidad haya decidido continuar con el análisis de seroprevalencia abandonado en el mes de junio, y hacerlo en las condiciones que lo ha expuesto, sin que fuera necesario hacer tanta «loa» en su presentación, que me ha recordado, los elogios que se hicieron en el año 1972, en la epidemia del cólera en Aragón, por la exterminación de la misma gracias a la clorificación de las aguas de los pueblos afectados, tres meses después del inicio de los casos y de centenares de fallecidos por deshidratación causada por las diarreas. En esta carrera de méritos políticos, lo menos grave es su reconocimiento si se fuera consciente de las insuficiencias y de los errores de cada Administración.

Retomar el estudio sobre las personas que aceptaron el estudio y seguir la pista de los anticuerpos creados en los nuevos contagiados, otrora negativos, es muy importante poder tener ese dato y compararlo además con la cifra de positivos en PCR que ha ido dando a diario cada Comunidad. Comparar el número de infectados que suponemos es bastante aproximado a la realidad en estos momentos, con la cifra de positivos en anticuerpos, aunque sea extrapolada, resulta muy importante, para saber la evolución, no sobre una persona sino en la población para ver cómo se comporta el SARS-Cov-2.

Similar importancia tiene el grado de mantenimiento de los anticuerpos en una población tan amplia y representativa. Este dato va a tener trascendencia mundial porque nos va a hacer pensar en la trascendencia de las vacunas que están por llegar.

Otro dato de gran importancia es, si se relaciona con el cuestionario, la creación de anticuerpos en los asintomáticos comparados con los que tuvieron síntomas y aún más si estuvieron tratados con ingreso hospitalario. Y, por último, en esta relación antedicha con el cuestionario, el porcentaje de personas a las que se puede considerar con inmunidad celular; para que se nos entienda, defensas naturales ante esta infección, por la proximidad de infectados en su entorno inmediato. Así puede conocerse la realidad de la transmisión y su resistencia a la misma. También este dato es importante, en el contexto mundial de la pandemia, por saber calcular el grado de resistencia que la población va teniendo de una forma progresiva.

Este acumulo de datos nos los puede proporcionar el Instituto Carlos III con este trabajo que debería ser continuado, sin interrupción, al menos cada dos meses. Y creo que sería muy importante que fuese también seguido del estudio de seroprevalencia no aleatorio sino global realizado en Torrejón en Madrid, porque se podrán aquilatar algunos de los supuestos que a nivel nacional se obtengan llevados desde una población total. Ambos estudios bien enlazados obtendría carácter científico de trascendencia mundial. Los dos gobiernos deberían continuar en este empeño común.

Sin embargo, estos estudios no pueden proporcionarnos una herramienta científica para la lucha contra la epidemia. Lo científico hoy es d e una vez por todas mandar a aislar en sus domicilios, en hoteles, en las habitaciones de las residencias , no a todos sino a los positivos en un estudio masivo a la población total de una zona, de un distrito, de una población. Eslovaquia lo ha hecho a toda su población de cinco millones, en dos días. No se debería admitir en el siglo XXI confinar a toda la población o a la mayor parte de la misma, ni siquiera limitar sus movimientos sin tener este dato.

Sobre todo, cuando tenemos constancia del precio del test rápido, que comprado masivamente es el de un «paquete de chicle». Compárese con el coste social, económico y personal de la medida. Y cuando, ya Cataluña, con buen acierto, ha puesto en manos no sanitarias le ejecución de la prueba en las escuelas. Entrenar a miles de voluntarios en esta tarea sería una entrada en la formación cívica de una población juvenil con la que no se cuenta nada más que para criticar su alegría de vivir.

Debería considerarse incentivar el uso particular de este medio, a nivel empresarial, en hostelería, en distribución y en consultorios médicos, odontológicos, pero también en notarios, abogados y en miles de actividades que en vez de ser cerradas, se pudieran habilitar mediante la prueba previa a un encuentro, rigurosamente llevada, quizás con la dirección de un profesional sanitario y la obligación de transmitir el resultado positivo al Departamento de Salud de cada autonomía, para verificar con PCR y decidir unos días de descanso en casa a poner al día su entorno personal. Y siempre con la obligación de ser subsidiado por el paro laboral Ojalá en este periodo que nos queda España consiga la senda de la modernidad para bien de la salud física, moral, ética y de ciudadanía.