Reconfinamiento, reinicio, ¿fin?

Algunos sospechábamos que Occidente se iba volviendo cada vez más cobarde, pero no teníamos idea de cuánto y de lo rápido que lo comprobaríamos

FOTO: BENOIT TESSIER / POOL EFE

El Primer Ministro de Francia, Jean Castex, que más parece un personaje de tiras cómicas que un político, ha vuelto a escupir otro discursillo pleno de restricciones, según él necesarias como consecuencia del arma letal que constituye el virus del PCCh. O sea, ha dicho que el toque de queda continuará a partir de las 18 horas, con la novedad en esta ocasión de que los centros comerciales y grandes espacios serán cerrados al público, los pequeños espacios y tiendas pequeñas seguirán cerradas; bares y cantinas, teatros y cines, clausurados temporalmente. Efectivos militares merodearán las calles con el objetivo de que se cumplan a pie juntillas la “orden y la ley”. Por otro lado, no nos permitirán salir del país, o sea viajar, ni tampoco que nos frecuenten desde el exterior, si no es por motivos de urgencia y mediante pruebas efectuadas de PCR del Covid-19 que han dado negativas y vacunaciones.

Con todo y esa, el Primer Ministro Castex, abriendo su enorme bocaza y haciendo muecas de locoide total insistió en que no se trata de un reconfinamiento, sino de medidas próximas al reconfinamiento, para evitar un tercer reconfinamiento; o sea, de restricciones para evitar llegar a lo que sería un nuevo y largo reconfinamiento. Ha mencionado tantas veces la dichosa palabra, que quien lo ha oído atentamente sin despetroncarse de la carcajada -aunque sea de nervios-, y todavía le quede algo de inteligencia, sin demasiado esfuerzo se habrá percatado de que a partir del domingo estaremos bajo otro reconfinamiento, y sin fecha de vencimiento; éste más severo que ninguno, porque no existe mayor severidad que cuando nos mienten, nos engañan, y además nos toman por imbéciles.

Lo que no consigo entender es por qué, si vivimos en medio de una tercera guerra mundial bacteriológica desatada por el PCCh, tal como pronunció en seis ocasiones seguidas en su primer discurso acerca del tema del Covid-19 en el 2020 el presidente Emmanuel Macron, cuál es la razón entonces para que se defiendan de nosotros, las víctimas. ¿Por qué nos encierran, nos apartan, nos agreden mediante humillaciones y menosprecio? ¿Por qué por el contrario se dirigen al principal culpable, el chino Xi Jinping como si de una deidad se tratara? ¿Por qué hasta le facilitan la tarea de devastarnos y aniquilar nuestras libertades arrodillados y con el culo en pompa, para colmo frente su miserable y enervante presencia?

¿Cómo es posible que el ejército salga y tome las calles para imponer un férreo control contra los ciudadanos y no acaben de declarar una guerra mundial y frontal en contra del PCCh y sus líderes chinos? Algunos sospechábamos que Occidente se iba volviendo cada vez más cobarde, pero no teníamos idea de cuánto y de lo rápido que lo comprobaríamos.

Mientras que la gente finge como que intenta vivir y se acerca la fecha de celebración del Foro de Davos con su supuesto Reinicio de la sociedad occidental, las plataformas y redes sociales continúan imponiendo la censura, cierran canales de YouTube y expulsan sin contemplaciones y sin derecho a réplica a la gente que ha demostrado que piensa y sabe expresarlo; como ha sido el caso del Canal de César Vidal, definitivamente prohibido en YouTube. El escritor y ensayista ha enviado un mensaje a sus seguidores que afirma lo siguiente:

“No se puede denunciar la tiranía de las big-tech sin sufrir las consecuencias.

YouTube nos acaba de cerrar y borrar el canal de César Vidal permanentemente porque según ellos Lorenzo Ramírez hace incitación a la violencia.

Se podrían haber currado otra excusa, lo que está claro es que estábamos en su punto de mira.

Hemos puesto en abierto el programa de El Gran Reseteo por el cual nos han cerrado la cuenta para que ustedes juzguen si se hace un llamamiento a la violencia”: https://www.cesarvidal.tv/el-gran-reseteo/videos/la-dictadura-de-las-big-tech-caza-al-disidente-16-01-21

Lo que estamos viviendo, ya vivido en mi caso por segunda partida cual reiterativa pesadilla, es inaudito. No es vida. Es, como diría el poeta y novelista Reinaldo Arenas, una “no vida”. Una letanía comunista proveniente del socialismo fascista, tal como ha analizado Fernando Godo en su canal y revista 1%; en el que ha dicho que el socialismo es originario del fascismo. Pues sí, en efecto, alto y claro, como hace rato que sin tapujos se debió de haber expuesto.

El problema de los políticos que hoy nos abusan es que ellos mismos son el producto de años, de décadas de tecnocracia a pulso, carentes de cultura, de verdad y de humanidad. En el mejor de los casos transeúntes vehiculares, cuyos viajes a través de la lectura han sido pospuestos o borrados de sus agendas para al revés zapatear ruinas sin verlas, sin contemplarlas, como no sea para mirarlas a través del lente de una cámara por el mero acontecimiento de dejar constancia que por allí pasaron ellos, como si a alguien le importara su paso mediocre por alguna parte, y como si su nula presencia aportara algo a la historia monumental que las compuso a través de los siglos.

La ausencia de cultura es lo que hace que un Primer Ministro -más próximo de un atormentado cuya camisa de fuerza no resulta suficiente para aplacar sus ansias extremas, con perdón de los enfermos mentales- se apropie de una situación crítica con un atrevimiento inusitado e improvisado, agarre el un micrófono, eche garra de un país, se dirija a un pueblo como si estuviera frente a una jaula en un zoológico, y empañe con su densa y maloliente saliva las cámaras y teléfonos hacia los que trasmite, con esa sonrisa torva, los peores mensajes de destrucción, contra toda sensatez.

Escribí hace algunos años una novela sobre la artista surrealista Dora Maar, necesitaba describir lo que ella había sentido y yo me había enterado a través de conversaciones con amigos comunes, de lo que significó en su perturbada psiquis de amante traicionada los toques de queda impuestos por los nazis durante la Ocupación de París; entrevisté además a diversas personas que vivieron su infancia bajo el horror del fascismo. Lo que algunas de ellas me describieron, el color del miedo, la necesidad de existir como si nada pasara sabiendo que todo iba en dirección del abismo, la huida perenne, dejaron huellas terribles en sus consciencias. Pues, sin temor a equivocarme y, sin que me quede nada por dentro, lo que estamos viviendo en la actualidad, se parece una enormidad a lo que oí de aquellos testimonios.