La descomposición del «podemismo»

Manuela Carmena fue un icono morado, pero enseguida le resultó insufrible el líder y prefirió a Errejón

Dani GagoDani Gago/EFE

Con paso firme y seguro el antiguo mundo «podemita» se descompone. El paso del tiempo trata muy mal a Iglesias y los compañeros con los que inició el viaje para conquistar el cielo. Es verdad que consiguieron alcaldías, entrar en gobiernos autonómicos y, finalmente, el éxito de coaligarse con Sánchez, pero la «nueva política populista» envejece muy mal. Desde la Guerra Civil, los comunistas y antisistema no se sentaban en el consejo de ministros. Si mal recuerdo dejaron entonces, todo indica que sucederá lo mismo por culpa de Iglesias y su nefasto culto a la personalidad. Nunca imaginé que sucedería algo similar. Los datos muestran un retroceso debido a los problemas internos dentro de ese confuso mundo de Podemos, sus confluencias y sus escisiones. La ruptura de Más Madrid, escisión de Podemos como consecuencia del enfrentamiento entre Iglesias y Errejón, dos padres fundadores del invento para reciclar y modernizar el comunismo, es una nueva muestra. Higueras, Cueto y sus otros dos compañeros serían una buena incorporación para el PSOE que languidece en el ayuntamiento madrileño.

Manuela Carmena fue un icono morado, pero enseguida le resultó insufrible el líder y prefirió a Errejón. La división en las pasadas municipales permitió que el centro derecha consiguiera la mayoría suficiente para gobernar la capital de España. No hay duda que fue un gran éxito de Iglesias al que consiguió sumar la buena noticia de que Ayuso consiguiera los apoyos suficientes para ser la presidenta de la comunidad. Esta misma división pasó factura en las generales. Por lo visto, no cabían dos gallos en el gallinero y el vicepresidente se dejó muchas plumas en la batalla con su antiguo amigo del alma por lo que aceptó agradecido la oferta de Sánchez. La historia nos demuestra que los comunistas se odian entre ellos y son muy aficionados a las purgas y escisiones. Andalucía es otro territorio donde Podemos tenía una buena posición, pero Iglesias no soportaba la independencia de Teresa Rodríguez y Quichi. Al final rompieron dando, además, el enésimo ejemplo de estalinismo. Los amigos de antaño son ahora enemigos mortales. No me extraña que el vicepresidente sea aficionado a la serie Juego de Tronos, porque lo que se trata es de liquidar a todo hijo de vecino que le pueda hacer sombra. El politólogo tan aficionado al periodismo como deseoso de agradar a los periodistas ha dado paso a un político bronco que se siente perseguido por todos.