Spain is different
Es evidente que la economía no se está viendo dañada por esta quinta ola
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En los años sesenta, cuando dirigía Manuel Fraga el Ministerio de Información y Turismo, alguien alumbró aquel «Spain is different» y todo empezó a cambiar. Sería casualidad, no sé, pero de aquella brotó con fuerza imparable una rama nueva de la España del desarrollo franquista que terminaría siendo raíz y cimiento de la economía del país: el turismo.

Lo que hizo entonces el Ministerio de Fraga fue convertir el aislamiento y el retraso de la España tradicional, ampliamente ahondados por la dictadura a sangre y fuego hasta aquella época del pragmatismo tecnocrático, en virtudes de rareza que estimularan la curiosidad del personal y que éste viniera a visitar a los «diferentes» de la piel de toro. Aquí había sol, buena comida, amabilidad y una anomalía democrática –esta sí, no la que se inventaba el ausente Iglesias para hablar del tiempo presente– en la Europa del desarrollo, que merecía la pena visitar y conocer.

Éramos diferentes a nuestros vecinos, pero también –esa fue la segunda clave del éxito inesperado de aquel lema que lo cambió todo– entre nosotros. Comer o pasear por Sevilla no tenía nada que ver con hacerlo en San Sebastián, igual que pasear por las llanuras de la tierra de Campos nada se parecía a un paseo por cualquier de los bosques de la cornisa cantábrica.

Arraigó el «Spain is different» y como había materia para mantenerlo se quedó entre nosotros como un rasgo fundamental de carácter. Y ahí estamos, otra vez tierra de contrastes notables, hasta imposibles. Resulta que somos el país europeo con más rápido crecimiento de la expansión de la Covid, pero también el que con más celeridad y eficacia está vacunando a su población. Hace un año, España sufría la mayor recesión por culpa de la Covid y hoy anuncia ya el gobierno, y refrenda el Fondo Monetario Internacional,que España puede ser el motor de la economía europea este año y el siguiente. Estima el Fondo que en 2022 creceremos un 5.8, frente al 6.2 del presente año.

Con cerca de un sesenta por ciento de la población vacunada, y casi un 70 con al menos una dosis, se mueve la economía y aumenta la confianza de la población. Y sin embargo –Spain is different– la gestión de la Pandemia por el gobierno central está siendo una de las peores de toda la Unión Europea, donde ningún país, ni siquiera la federal Alemania, ha dejado en manos de sus regiones las políticas de salud frente a la Covid. A los resultados me remito: sigue creciendo la incidencia, ya por encima de 700 por cien mil habitantes, y sube a más del 16 la presión en las UCIS. Pero es evidente que la economía no se está viendo dañada por esta quinta ola, ni el tsumani parece que vaya a afectar a los cimientos de la reconstrucción.

Ayer el gobierno presentó su cuadro macroeconómico, más optimista en el crecimiento para el año que viene que el FMI y extraordinariamente positivo en su estimación de reducción del paro. Hasta se está pensando subir en septiembre el salario mínimo.

Aumento de incidencia, bien las vacunas. Mala gestión, luz en la economía. Seguimos viviendo en el contraste, o navegándolo. O haciendo de él un rasgo de carácter político. Claro. Va a ser eso. Y hasta ahora no me había dado cuenta.