El fenómeno Yolanda y el miedo del PSOE
«No hay duda de que es una buena candidata y es creíble para ese electorado. Y tiene la ventaja, además, de que no produce rechazo o miedo como sucedía con Iglesias»
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No me extraña que exista preocupación en el PSOE ante el fenómeno Yolanda Díaz. La desaparición política de Pablo Iglesias y el retroceso de Podemos en las encuestas habían provocado un gozo indescriptible en Pedro Sánchez. No hay que olvidar que los políticos son bipartidistas por definición. Otra cuestión es que tengan que adaptarse al incordio del multipartidismo. Lo mejor, siempre que no se crea en la democracia, es el modelo de partido único que había en México con el PRI o lo que existe en Cuba, China y esos países que tanto complacen a Podemos y otros grupos antisistema. Les sirve también el movimiento chavista en Venezuela. Los dirigentes cubanos consideran que el partido único es fabuloso. A Sánchez le gusta el PSOE de siempre representado por sus recientes mejores amigos Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero. Es decir, el bipartidismo imperfecto que vivíamos desde la Transición hasta que aparecieron Ciudadanos, en proceso de extinción; Podemos, en decadencia; y Vox que se mantiene firme.

Hay que reconocer que La Moncloa es una máquina de hacer amigos y aplacar disidentes. A Sánchez le han desaparecido los críticos y lo máximo que reivindica el arrogante Felipe González es la libertad de expresión, pero está en primera línea de saludo ante su detestado líder. No hay nada como el interés. Ahora le ven todas las virtudes. Es bueno recordar que en política no hay amigos y menos cuando se llega a la presidencia del Gobierno. Es bueno que tenga presente que César fue traicionado por Marco Junio Bruto, el hijo de Servilia, su amante, y por quien sentía un gran cariño. Cuando alguien sufre un desengaño o traición siempre recuerdo que San Pedro dijo «Si todos dan un mal paso a causa de ti, yo no lo daré», pero Jesús le respondió «Te digo de verdad: esta noche, antes de que cante el gallo, me negarás tres veces». El apóstol se apresuró a mostrarle su firme lealtad «aunque tenga que morir contigo, de veras no te negaré». Como es sabido no lo hizo una, sino tres veces. Y eso que Jesús había anunciado que «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará» (San Mateo 16, 13-20). Habrá que ver qué sucede si fracasa en las próximas elecciones.

Ahora se encuentra con el sorprendente fenómeno de Yolanda Díaz, que cae muy bien a su electorado. Es una mujer de izquierdas que conecta con los jóvenes, con un aire glamuroso sin ofender a nadie y un discurso pegadizo. Es comunista, aunque hace unos días me indicaba un político que la conoce bien que es un comunismo más bien estético y que en realidad representa lo que era el PSOE en la Transición. Las ministras y los ministros socialistas se sienten cómodos con ella y le reconocen más altura que al resto de integrantes del pacto de coalición. Una de las cosas que confirman es que no se lleva bien con el tándem Irene Montero e Ione Belarra. Para ser más exacto, no la tragan y es algo que se nota en las reuniones del consejo de ministros. Fue una acertada imposición de Iglesias, porque dejar al frente del chiringuito a una de ellas hubiera sido demasiado excéntrico incluso para él.

El problema para Sánchez es que crece en las encuestas y puede hacerlo con mayor fuerza cuando organice la plataforma que quiere reconstruir el descompuesto movimiento podemita. No hay duda de que es una buena candidata y es creíble para ese electorado. Y tiene la ventaja, además, de que no produce rechazo o miedo como sucedía con Iglesias. En cambio, el desastre para la parejita feliz que gobierna Podemos con mano de hierro es que se ha dado cuenta de que Yolanda no las necesita. No pueden ir en su contra, porque irían al desastre y se quedarían sin los chollos que disfrutan. Lo único que tiene que hacer la vicepresidenta es perseverar en su papel, repartir sonrisas y abrazos y reunirse con las diferentes confluencias, las que existen y las que han puesto pies en polvorosa. Estas no tragan al Podemos post Iglesias, pero aceptarían una plataforma que les puede permitir recuperar el terreno perdido.

Cada día que pasa juega en beneficio de Yolanda, porque está actuando con enorme habilidad y solo tiene que esperar las próximas consultas electorales para que Podemos se rinda y asuma que es su tabla de salvación. Las municipales y autonómicas pueden ser un auténtico desastre, para regocijo de La Moncloa, porque los votos que pierden los morados van al saco de Sánchez. Por eso, la vicepresidenta se ha convertido en una piedra en el camino triunfal diseñado para revalidar otro mandato en las próximas elecciones generales. Se encontraría con un PP que recupera terreno en el centro derecha y una líder emergente cada vez más fuerte que lo hace a su izquierda.

La valoración de Yolanda en las encuestas confirma que se puede convertir en una pesadilla para el inquilino de La Moncloa, porque su mejor escenario sería repetir el gobierno de coalición con ese frente amplio que tendría más fuerza que el actual Podemos. Lo peor sería que su enemigo Casado consiguiera la mayoría suficiente para desalojarle. Es verdad que hay bastante partido todavía por delante y que la vicepresidenta hará bien guardándose las espaldas, porque tiene dos buenas enemigas en casa que son capaces de cualquier cosa para mantenerse en el poder. No hay que olvidar que las purgas es algo consustancial en las formaciones comunistas y populistas, por lo que se acerca peligrosamente a la condición de desafecta a la causa. No creo que las lideresas de Podemos estén dispuestas a humillarse ante su enemiga.