El «efecto Yolanda Díaz» preocupa al PSOE

El 68,4% de los votantes socialistas creen que su candidatura «hará daño» al partido. La mayoría pide un acercamiento al PP en asuntos de Estado y censuran los pactos con ERC y Bildu

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, en Moncloa
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, en Moncloa FOTO: Javier Lizón EFE

El PSOE afronta este fin de semana su 40º Congreso Federal en Valencia. Una cita marcada por la euforia y la unidad, en la que se fijarán las líneas estrategias del partido y se buscará el rearme ideológico para encarar con garantías lo que resta de legislatura, pero, sobre todo, los ciclos electorales que se abrirán a partir del año que viene. En este contexto, sobre los socialistas se ciernen varias incertidumbres a izquierda y derecha. Todas las encuestas muestran una tendencia de reforzamiento del Partido Popular, que absorbe a Ciudadanos y que estaría en condiciones de llegar a La Moncloa. Por la izquierda el panorama no es más alentador. El espacio ideológico comienza a reconfigurarse y Yolanda Díaz pide paso para abrir un «frente amplio» con otras sensibilidades que aglutinen todo el voto en ese espectro.

La estrategia de Moncloa es, por ahora, dar alas a la vicepresidenta segunda, porque necesitan que la marca heredera de Podemos sea pujante y permita una suma suficiente para revalidar La Moncloa en 2023. Sin embargo, en paralelo crecen los recelos. Una preocupación que se percibe también cuando se pulsa a la base socialista. Según la última encuesta de NC Report para LA RAZÓN, el 68,4% de los votantes del PSOE consultados creen que Díaz «hará daño» al partido en la futura convocatoria electoral. La vicepresidenta segunda tiene buen predicamento entre los españoles. Es la líder mejor valorada según el último CIS, por delante del propio Sánchez, y en el barómetro de este periódico consigue un 6,1 de calificación.

En Moncloa, no obstante, consideran que la situación interna del Gabinete ha mejorado desde que ella asumió las riendas del ala morada de la coalición. La salida de Pablo Iglesias permitió que bajara la crispación y la oposición que existía dentro del Consejo de Ministros. Un clima interno, que no se percibe por los votantes socialistas, que opinan que no ha cambiado nada tras la marcha de Iglesias del Gabinete. El 46,9% entiende que todo sigue igual, mientras que el 23,9 por ciento considera que la situación ha mejorado y el 18,6%, que ha empeorado. Quienes más críticos se muestran con la salida de Iglesias son los jóvenes.

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NC Report FOTO: Teresa Gallardo

A pesar de la preocupación que genera el «efecto Díaz» y el reforzamiento de la posición del PP, la mayoría de los encuestados se muestra optimista sobre el horizonte electoral del partido. El 69,9% confía en que el PSOE repita la victoria electoral que registró –en dos ocasiones– en 2019. Solo un 23,9 por ciento se muestra pesimista y el 6,2 por ciento no sabe o prefiere no contestar. Estos datos se cimentan en la fidelidad del voto socialista, ya que el 82,3% reconoce que volvería a votar a Pedro Sánchez, si hubiera elecciones. Solo el 14,2 por ciento reconocen que no repetiría su apuesta y el 3,5% no revela su futura decisión.

Esta ligera pérdida de apoyo del PSOE viene, entre otros factores, por las alianzas que ha entablado el partido en su andadura parlamentaria durante estos años en, y para conseguir, el poder. Los votantes consultados son claros en este sentido: demandan un acercamiento al PP en cuestiones de Estado y censuran los pactos con los independentistas catalanes y vascos, en los que se basa la mayoría de la investidura para sacar adelante –por ejemplo– los Presupuestos. En concreto, un 50,5% de los socialistas consultados demandan ese entendimiento con la formación de Pablo Casado.

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NC Report FOTO: Antonio Cruz

Un posicionamiento que se produce horas después de que Gobierno y principal partido de la oposición desbloquearan la renovación de los órganos constitucionales pendientes, a excepción del CGPJ. Fuentes de Moncloa consultadas por este diario se muestran optimistas sobre la posibilidad de hacer extensivo este desbloqueo al Poder Judicial en los próximos días. Sin embargo, la base socialista está dividida y un 42,8 por ciento de los consultados no quiere que exista una entente con Casado, ni siquiera para cuestiones trascendentales para el país. Quienes se muestran más partidarios del pacto son los mayores de 55 años (59,8%) y los jóvenes de entre 18 y 34 años, los más reticentes (56,5%).

En este apartado de alianzas se recela de la cercanía con los independentistas vascos y catalanes, con los que el Gobierno tiene previsto aprobar las cuentas. El 51,5% ve «mal o muy mal» que se pacte con ERC, por el 39,4% que lo ve «bien o muy bien». Más extrema es la posición respecto a EH Bildu. Un 55,3% rechaza los pactos con los abertzales, mientras que un 36,3 por ciento no se los recriminaría a Sánchez. Por edades, vuelve a existir una brecha entre jóvenes y mayores; los primeros más alineados con pactar con los soberanistas y los segundos, contrarios a esta alianza.

Los barones pierden peso

Unos pactos, los rubricados por Sánchez y los independentistas, que ya intentó en 2015, pero que se frustraron por la oposición que encontró en el seno del PSOE. Entonces, el secretario general no controlaba el aparato del partido y esto provocó un paulatino desgaste interno que acabó con su salida en el traumático Comité Federal del 1 de octubre de 2016. Tras este cisma, Sánchez concurrió a primarias contra Susana Díaz en 2017 y se hizo de nuevo con las riendas del partido gracias al favor de la militancia. Esto abrió una nueva etapa en el partido, que se aprecia por los consultados. Un 67,6% opina que el partido ha sufrido un cambio desde que el secretario general volvió a la dirección. Un «nuevo PSOE», como se llamó entonces, que no perciben –sin embargo– el 27,4% de los encuestados. Por edades, los jóvenes se muestran más inmunes al cambio, mientras que los mayores sí perciben la diferencia.

En la nueva etapa se produjo un cambio sustancial en el equilibrio de fuerzas internas. El líder ganó competencias, en detrimento de los dirigentes territoriales que habían ejercido, precisamente, de contrapeso en su etapa anterior. Una transformación de los órganos, que vació de capacidad de decisión el Comité Federal y volcó todo el poder en el líder. Así lo reconocen, además, los votantes consultados. Un 68,8% aprecian que los barones territoriales han perdido poder, mientras que el 26,8 por ciento no lo consideran así. Un 4,4% prefieren no manifestar su opinión al respecto.