Chile

¿Kast o Boric?

La propuesta económica de Kast –siendo mejorable en muchos aspectos– es muy superior a la de Gabriel Boric

A estas alturas del día –bastantes horas después del momento en el que escribí el presente artículo–, ya sabremos si el próximo presidente de Chile será el derechista José Antonio Kast o el izquierdista Gabriel Boric. El programa económico de ambos no puede ser más dispar. Mientras que José Antonio Kast defiende «una reducción de la tasa corporativa que afecta a la inversión», Boric reclama «una reforma tributaria para que quienes tienen más contribuyan más»: en particular, el candidato de izquierdas aboga por incrementar la presión fiscal de Chile en ocho puntos. Asimismo, mientras que Kast propugna «profundizar y ampliar los tratados de libre comercio para fomentar la participación chilena en los principales mercados globales», Boric buscará «actualizar aspectos relativos a los capítulos de inversiones (…) para garantizar que las nuevas inversiones extranjeras generen encadenamientos con el tejido productivo local»: en esencia, proteccionismo. Igualmente, mientras que Kast apuesta por reforzar el sistema de capitalización de las pensiones chileno, incrementando el ahorro de los trabajadores y llegando a abrir «nuevos espacios de libertad para que las personas que lo deseen puedan elegir administrar directamente ellas mismas al menos una parte de sus fondos de pensiones», Boric reclama radicalmente «terminar con el sistema de las administradoras de fondos de pensiones»: es decir, dar carpetazo al sistema privado de pensiones que asegura la sostenibilidad del retiro de los chilenos para implantar un sistema de reparto tan deficiente como el que tenemos en España. También José Antonio Kast pretende incrementar la libertad educativa en Chile, avanzando «gradualmente hacia un modelo que entregue mayor autonomía a las escuelas para que puedan tomar sus decisiones, en particular las curriculares, con flexibilidad, haciendo realidad la diversidad de proyectos educativos», mientras que Boric no ha expresado compromiso alguno con la libertad de los centros docentes: más bien persigue someterlos a todos a un mayor control y planificación por parte del Estado. Lo mismo cabe decir, por cierto, con respecto a la Sanidad: mientras que Kast aboga por incrementar las oportunidades de elección entre los distintos proveedores privados de salud, Boric aspira a crear un sistema público de sanidad unificado y sin apenas libertad de elección. Por último, Kast propone un Estado austero estableciendo «de manera permanente una metodología de presupuesto base cero», de tal forma que aquellas partidas del gasto que no pasen un análisis coste-beneficio (Kast también defiende normalizar la evaluación de las políticas públicas) sean suprimidas en cada negociación presupuestaria: en cambio, Boric no impulsa nada similar a lo anterior porque su objetivo no es adelgazar el Estado sino cebarlo con muchas más redes clientelares. En definitiva, la propuesta económica de Kast –siendo mejorable en muchos aspectos– es muy superior a la de Gabriel Boric. No es que Kast sea un candidato liberal –sus propuestas en materia de seguridad, o en materia migratoria o en materia moral lo colocan lejos del discurso clásico liberal en cada uno de estos apartados–, pero en el campo económico la diferencia entre ambos es gigantesca. Los chilenos que hayan acudido a votar este domingo ya habrán decidido a estas alturas si dan su respaldo a un proyecto económico que puede revigorizar el crecimiento del país respetando la libertad económica de sus ciudadanos o si, en cambio, han ratificado un proyecto estatalizador que abocará a Chile a un progresivo proceso de esclerotización social y económica como el que han experimentado en la última década. Por desgracia para su prosperidad futura, mucho me temo que habrán abrazado la estatalización.