Vida cotidiana

«Gazapost»

Lancémonos al bar, a la taberna insondable, a tomar unas cañas con los amigos. O con los enemigos. Total, ya no nos queda nada

¡Cazar gazapos de ilustres e ilustras es tan divertido! No solo de «autoridades y autoridadas». Hay incontables meteduras garrafales de patas y de patos. De políticos importantes y campanudas mandamasas, periodistas, periodistos, tertulianos, tertuliculos… Verbigracia, sobre el tema talibán, oí discutir de «Anganistán» a un controvertido político (que, cada vez que habla, sube la inflación en Irak). Escuchar tal logra hacer en mi ánimo un «abujero» (como dice el candidato a alcalde de cierta ciudad). Pero quizás eso solo sea mi «surfterfrugio» (según un tertuliano aguerrido) para no tener que descifrar el Proyecto 2050 y sus tres ejes fundamentales (porque a mí, como no engraso los ejes, me llaman abandonao). Oigo tales mientras están «retransmintiendo» (¡qué bonito hallazgo filológico y filosófico, de un concienciado colaborador televisivo!) lo que acontece en las Cortes. En la radio, oílo: «Hoy Alfredo ‘vivirá’ uno de sus momentos más significativos» (literal de una afamada periodista que hablaba del añorado Alfredo Pérez Rubalcaba…, ¡el día de su entierro!). Luego están esas y esos que hacen cosas muy sacrificadas y altruistas, como desnudarse en Instagram para denunciar el calentamiento global (así, una aspira al Nobel de la Paz mientras gana followers. Aunque quizás es que lo del «autocoñ*cimiento» se nos está yendo de las manos… Puede ser). Y, como asegura un tertuliano melenudo (¿dónde lo habrán peinado a ese tío, en la ONCE…?), esto es «Castastrófisco», lo cual: que no es el catastro diseñado por el fisco, sino algo muy malo que puede pasar y dejarnos a todos sin Netflix. Porque, entre otros males, nos acecha, según un pollopera mediático, la amenaza de la «ideología Ele Gebéteri» (eso: ¡ele, ele, Gebéteri, asa y toma que toma!). Sí, oyendo a algunas una se pregunta, como un admirado líder político: «¿Pero…, en qué país bebimos?» (pues en todos y cada uno, macho alfalfa. Y eso que viajamos poco). En fin. Vale. Apretémonos los goznes filológicos y luego, ojipláticos, lancémonos al bar, a la taberna insondable, a tomar unas cañas con los amigos. O con los enemigos. Total, ya no nos queda nada.