La anomalía comunista

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez conversa con la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez conversa con la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz FOTO: Chema Moya EFE

Son un lastre. No solo es que no haya en la UE ningún Gobierno con comunistas, sino que los podemitas impiden la gobernabilidad en tres asuntos hoy esenciales: la política exterior, la economía y el consenso político. Está en manos de Sánchez librarse de esta rémora. Puede apretar sin miedo a sus socios comunistas porque ninguno de ellos tiene oficio ni beneficio. Belarra, Montero, Díaz y Garzón aguantan lo que sea porque nunca se han visto en otra igual, con una vida de lujo, y jamás volverán a disfrutar de esta posición económica.

Podemos no es fiable en política exterior. Sus referentes exteriores son los regímenes que violan los derechos humanos, y que niegan la legitimidad de la oposición. Esto nos crea problemas en los foros internacionales, especialmente en la OTAN y con Estados Unidos. La filtración de documentos secretos de la Casa Blanca sobre su negociación con Putin a un diario español, en febrero pasado, necesita una corrección severa para que España recupere la confianza.

Esa confianza no se gana con la negativa de Podemos al acuerdo con Marruecos sobre el estatuto de autonomía del Sáhara que, sin duda, tiene el visto bueno de EE UU. Es absurdo hablar tras 50 años de un referéndum de autodeterminación cuando hace tiempo ese territorio se llenó de colonos marroquíes. A España le interesa una amistad sólida con Marruecos, no proclamas de asamblea universitaria, y menos aún acogimiento de terroristas.

Sánchez decidió dar el paso con Marruecos sin tener en cuenta a Podemos, en una demostración de que sus ministros están muy alejados del sentido de Estado y de la racionalidad. Yolanda Díaz se enteró por la prensa y no ha provocado una crisis de gobierno ni ha amenazado con dimitir, lo cual demuestra que Sánchez puede seguir apretando más las tuercas a sus socios.

Las ministras de Podemos, además, están haciendo el juego a Putin oponiéndose a la política común de la Unión Europea, y reclamando la rendición de Ucrania. Son el altavoz de la propaganda imperialista del dictador ruso, copiada de la etapa soviética, hablando de los «nazis» ucranianos y asegurando que EE UU y la OTAN han provocado la guerra.

Además, se niegan al Plan Nacional de choque de Sánchez consistente en aliviar de alguna manera la presión fiscal, al menos durante un tiempo. Su propuesta es un recargo de 10 puntos a las compañías eléctricas para seguir «forrándose» con la recaudación, como indicó Feijóo. Es más; el “partido de la gente” rechaza la rebaja de impuestos a «todo el mundo», como dijo Yolanda Díaz. Lógico, así continuarán empobreciendo a los españoles para hacerlos dependientes de sus subvenciones.

Podemos vive bien en la demagogia y el guerracivilismo, y muy mal en la gobernabilidad. De ahí que sean inhábiles para la política práctica. No se trata de hacer «políticas valientes», como exige Díaz, sino políticas útiles. En su modo de pensar ideológico no importa quien caiga mientras no sean ellos ni su nivel de vida. Por eso prefieren un acuerdo con los antisistema, independentistas, herederos de ETA y otros indeseables antes que llegar a un pacto de Estado con el PP, el principal partido de la oposición.

UP no es una coalición nacida para la democracia, sino para dar cobijo a un grupo de vividores de la política que juegan a la revolución desde su despacho oficial y con dinero público. Da igual que la situación sea crítica, porque para estos comunistas el escenario previo al paraíso es el colapso completo de la sociedad. Necesitan que la democracia liberal y el libre mercado fracasen para tener una oportunidad. Es la vieja condición objetiva de la doctrina marxista-leninista.

Esto solo se salva con un gesto de Sánchez y otro de Feijóo. Estamos en la circunstancia adecuada, con más de la mitad de la legislatura cubierta y una situación internacional para temblar.