Vencer

El odio crece cada día entre nosotros: es la nueva forma hegemónica de violencia. Otra clase de guerra

Ángela Vallvey

Los admiradores de Putin son un aglomerado de gentes de diversa filiación, habitantes de los extremos de ambos lados del espectro ideológico (izquierda y derecha duras, y a veces incluso centro revolucionario institucional); casi siempre están unidos por su odio «al imperio» americano, y echan la culpa de los desastres de la guerra «Rusia versus Ucrania» a distintas causas singulares, pero sobre todo a Biden por «estar suministrando armas a Ucrania». Desde Oliver Stone hasta las personas, y personajes, más variopintos se empeñan en señalar a los norteamericanos como los verdaderos culpables de esta guerra tan absurda como bárbara (que empezó Putin con su invasión, ¿no?). La lógica que exhiben es la más ilógica imaginable: el atacante encuentra armado al atacado y ellos dicen que la culpa es de este último, dado que si la víctima no tuviera armas, no tendría más remedio que rendirse pronto, ¡y así acabaría la guerra! (el próximo conflicto que pueden resolver es el palestino-israelí, con tanta perspicacia geopolítica). Quienes exculpan la brutalidad putinesca suelen ser extremófilos sin fronteras, de izquierda o derecha muy severas, cuyo mínimo común denominador son detalles tan poco honrosos como la homofobia o el culto al autoritarismo. Irrita a los agresores, y a quienes los apoyan, no doblegar sin más a los agredidos. Les pasa lo mismo que a los odiadores que pululan por internet, y también por la calle, en la dura y real vida cotidiana, lejos de los arrabales del metaverso de bots, embustes y fotos retocadas de la www. Lo que verdaderamente les pudre a todos es no convencer a los odiados para que se sumen a su causa, y sobre todo no vencerles, no aniquilarlos, no acabar para siempre con quienes piensan distinto a ellos… Eso es lo que más les molesta (eufemismo): que sus hostigados ejerzan la legítima defensa, que no se dobleguen. La historia demuestra que las sociedades pacíficas son las más prosperas, las más felices y justas. Pero el odio crece cada día entre nosotros: es la nueva forma hegemónica de violencia. Otra clase de guerra.