La pitonisa

El presidente de la Generalitat, Ximo Puig
El presidente de la Generalitat, Ximo Puig FOTO: Pep Morell EFE

El otro día, en Espejo Público, me permití jugar a la política-ficción anticipando que no tardarían presidentes autonómicos socialistas, como García Page (en casa decimos “Peich”, para darle un aire británico), o Lambán en sumarse a las medidas fiscales de regiones como Andalucía, Galicia o Murcia, que lo está considerando, en lo que respecta a la bajada o, incluso, supresión de determinados impuestos. Y, ¡mira tú por dónde, qué sorpresa!, que ha sido el extraño Ximo Puig, presidente de la región Valenciana –sé bien que mi lenguaje suena a veces a preconstitucional pero me encanta-, el que ha dado el paso hacia adelante mientras Vara, en una salida de pata de banco, manda meter sus palabras por el culo (sic) a un periodista que le había incomodado. Ante tamaños desmanes y ridículos en que se ve sumido el gobierno central, va y se saca de la manga unas medidas que deja tiesa a la honesta clase media del país, tan maltratada por las sucesivas determinaciones paridas por los responsables de la cuestión impositiva. En estos días Rajoy y González coincidían en que gobernar es “acabar con los pobres, y no con los ricos”, contra la teoría bolivariana que sostiene que hay que mantener pobres a los pobres para que les sigan votando en la esperanza de que un día saldrán de la pobreza, porque cuando salen de la miseria dejan de dar el poder a la ultraizquierda y votan al centro. Este repugnante discurso lo vomitaban el presidente de Colombia Gustavo Petro y el general venezolano Guaicaipuro Lamoda Montero. Así es como, miméticamente, la coalición que nos gobierna está actuando, haciendo ver que bajan impuestos a las clases más bajas y se los suben a los “ricos”. La inspiración les llega de la gentuza que ya se ha cargado varios países iberoamericanos, que andan muertos de hambre, exceptuando solamente a los que pueden venirse a la madre patria para salvar los muebles. Se nos acabará olvidando el sabor de una gamba porque el presupuesto mensual no da ni para berberechos, que también se han puesto por las nubes. En fin, no desesperemos y vayamos a otras latitudes, donde tampoco están mucho mejor que nosotros.

Mi amiga Carmen Cordón, de fina pluma, me piropea diciéndome que soy su inspiración y yo la correspondo diciendo que la cosa es recíproca. Asegura en su último artículo que “Meloni es un bofetón en toda regla a los roba-gallinas en general: de España, de Europa y del mundo. Significa enfado, hartura, berrinche y hastío de la casta, del sistema clientelar de los partidos tradicionales y significa váyanse todos para su casa porque aquí sólo cambia el que nos roba las gallinas”. Define perfectamente lo que pienso, con matices, naturalmente, pero vamos a ver qué ocurre en un país vapuleado por los distintos y sucesivos gobiernos, que no supieron aprovechar a un Mario Draghi que les sacaría del arroyo. Pero los italianos no quieren salir del fango porque se han acostumbrado a ello y esta posición les resulta acomodaticia, incluso el embadurne en el barro y en el lodo. Vamos a ver qué pasa ahora con la temida Meloni, aunque en mi nueva faceta de pitonisa me atrevería a decir que nada. Tiempo al tiempo.

CODA. Putin está jugando a referéndums ilegales y chanchulleros, como en Cataluña, cuya situación es caótica ante la discordia de sus distintos partidos independentistas radicales. Cada uno por su lado. Divide y vencerás, dice el dicho, y allí están todos tirándose los trastos a la cabeza. En este plan se va al carajo todo el montaje de país Catalá de la señorita Pepis, incluidas las ridículas mesas de negociación bilaterales, colaterales o insustanciales. Y también el inefable Rufian.