2018

La Razón
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La otra noche, en una Navidad maravillosa que estoy pasando, los amigos decidimos contarnos lo bueno que nos había ocurrido durante el año que muere. Realmente no me había dado cuenta de cuántas cosas maravillosas nos habían pasado, de cuántas cosas (contra todo pronóstico) habían sucedido en nuestras vidas. En los doce meses que se van he recuperado para siempre a una amiga. A mi amiga. A aquella amiga de la adolescencia con la que durante mucho tiempo compartí lo más sagrado de mi vida: mi alegría. Estuve muy cerca de un amigo que no es mi amigo, es una parte de mi cuerpo. Me di cuenta de que se puede trabajar contenta. Me di cuenta de que se puede tener un jefe al que admires absolutamente, al que profeses un amor eterno y agradecido porque te ha enseñado y que te enseña todos los días y que hace que tu madrugar sea pleno. Me di cuenta de que adoptar un perrito es una de las mejores decisiones que puedes tomar en la vida. Su mirada, sus mordiscos, su cariño sincero, su felicidad tarifa plana cada ocasión en la que abres la puerta de tu casa. Me di cuenta de que mi madre sigue viva. Y que está sorda, vale, pero que la tengo, me tiene, con nuestros encontronazos y desajustes, pero la tengo. Me di cuenta que aún tengo salud. No plena, no completa, pero salud. Una menopausia incipiente, que anuncia su llegada, pero que me deja más o menos ser una mujer feliz. Me di cuenta de que no tengo mucho colchón en mi cuenta corriente, pero que quizá lo gasté para pasarlo bien. Y me di cuenta de que lo pasé muy bien. La pasé muy bien. De que quizá no sea mejor tener más ahorros que amigos. De que quizá sea mejor tener pocas cosas y disfrutarlas a lo bestia. Y en este año que peta, saliendo de una etapa malísima, soy más libre que nunca y estoy más tranquila que nunca. Así que, puestos a molestar, jodamos más que nunca. Y sobre todo, sepamos que tenemos que ser muy cabrones para que alguien no nos quiera, así que contemos a la gente que nos quiere, que es un chute siempre de futuro. Y encima me dejan escribir aquí para desearles que el año que viene les sea propicio y que a mí me deje como estoy.