A flote

La Razón
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Una semana después del brutal ataque que turistas y franceses sufrieron mientras contemplaban felizmente esos fuegos artificiales de celebración del 14 de julio, seguimos consternados por el dolor que deja a su paso cualquier acto violento. Quienes vivimos marcados por el terrorismo hemos tenido que superar esa etapa de caos y desesperanza que origina un hecho trágico. Hemos tenido que transformar esa sensación de inseguridad que provoca sentirte objetivo de una ofensiva que ni conocíamos. Sentir que somos las fichas que tienen que mover unos fanáticos para conseguir sus objetivos es cuanto menos desalentador. Sentir que somos sólo símbolos de una sociedad que los terroristas tienen que amedrentar para que sus exigencias radicales sean escuchadas e impuestas es el mayor obstáculo a nuestra recuperación. Sentirse utilizado en una causa estéril dificulta el hecho de superar un atentado. Ningún terrorista es merecedor del fin que busca porque utiliza la violencia. Llevan a cabo una misión estéril para ellos y dañina e inhumana para el resto de la sociedad. Y finalmente, nos queda la esperanza de que la Justicia hará su papel. Si huyen o incluso alguien les considera refugiados políticos, como lamentablemente ocurre en ciertos países, lo pagarán de una u otra forma. Lo vital y poderoso es que no consigan contagiarnos ese odio tan pernicioso y peligroso para el mundo entero. Y mucho menos consentiremos que tengan a toda la sociedad sometida por el miedo, esa herramienta que ha sido tan útil históricamente para dominar a los ciudadanos ejerciendo un enorme poder sobre sus decisiones y movimientos. Seguimos pidiendo lo mismo: democracia frente al terrorismo, razón frente al fanatismo, compromiso frente al odio, fortaleza frente a la cobardía, verdad frente a la manipulación, memoria frente al silencio, solidaridad frente a la indiferencia, justicia frente a la impunidad y el amor y la cooperación frente a todo tipo de violencia. De nuevo pedimos valores que consideramos fundamentales para vencer el terrorismo: unidad, firmeza y justicia. Algo que nos mantendrá a flote pese a la consternación y el dolor que ciertos desalmados esparcen.