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Acelerón para sacar de la carrera a Patxi

La Razón
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No había entre los cuadros socialistas ni la más mínima duda de que Pedro Sánchez, «que no puede parar», según sus cercanos, iba a competir. El interrogante estaba en cómo lo anunciaría. Si hubieran hecho mella en él los consejos de los suyos, aún seguiría en la retaguardia. Sin embargo, el ex secretario general halló en Dos Hermanas el marco óptimo para lanzarse a la reconquista de Ferraz al grito de «la militancia es la máxima autoridad». Al parecer, el nadar por los mares de las dudas terminó de sopetón cuando Patxi López se prestó a ponerse al frente del sanchismo sin Sánchez. Así me lo relata una persona de su confianza: «Pedro supo al instante que el motivo del telefonazo de Patxi era su decisión de aspirar a la Secretaría General. Así que, en medio de un almuerzo, no quiso coger su llamada». «¡Maldita sea!», debió exclamar López. Tenía prisa por hablar con Sánchez, probablemente más que con cualquier otro, para llegar sin cabos sueltos a la puesta de largo de su candidatura, un día después del Comité Federal del PSOE que aprobó el calendario congresual. Pero el ex lendakari tuvo que volver a marcar para comunicarle de viva voz las nuevas que le dejaban, literalmente, a los pies de los caballos.

López, anticipándose, colocó a su ex jefe en la compleja tesitura (caso de presentarse, como así ha ocurrido) de beneficiar a Susana Díaz partiendo el voto de los críticos con la andaluza. Sánchez se enfrentaba a una realidad que venía rumiando desde antes de Navidades. Los movimientos de Patxi para restarle apoyos entre los líderes territoriales habían comenzado a propagarse de boca en boca como si de un mensaje viral se tratase. A finales de octubre, me cuentan, hubo quienes entraron en su despacho de diputado en la Carrera de San Jerónimo para alertar a Pedro sobre «la rara fijación» que el ex presidente del Congreso tenía con que renunciase al escaño. Algunos pedristas interpretaron el juego de Patxi como un intento para desarmar a Sánchez de cara al Congreso Federal. Sin embargo, el ex secretario general optó por no hacer caso. Incluso justificó el interés del vasco en su «fijación» orgánica. En otras palabras, su condición de «apparatchik» del PSOE desde los años escolares. Luego, Sánchez «se cayó del caballo» al ver que Patxi presentaba su candidatura: «Ha maniobrado en todo momento para desactivarme», tuvo que reconocer, aunque a esas alturas ya sólo le quedaba el recurso de «enfadarse» por la jugarreta de quien creyó su firme aliado político.

A partir de ahí, las conversaciones del ex líder fueron diversas y con distintos interlocutores. El corolario ha sido volver de nuevo al ruedo, reivindicándose como mártir ante unas bases que, a base de esperarle, empezaban a diluirse. De un cargo emplazado en la sala de máquinas del PSOE recojo el clima actual en Ferraz: «Patxi queda en tierra de nadie. Pedro lo ignoró por completo en su regreso. La carrera se va a polarizar entre Susana y él». La oportunidad para las expectativas del pedrismo viene en parte por la excesiva querencia de algunos barones por sortear las divisiones internas en sus territorios. En los cenáculos se oye, por ejemplo, que Ximo Puig, ante la fractura de la federación valenciana, anda con las manos atadas para zurcir (como él quisiera) a favor de Susana. Precisamente José Luis Ábalos, cabecilla provincial del PSPV, ya ha garantizado a Pedro los avales necesarios en su carrera por el poder. Porque de eso se trata, del poder, por más que unos y otros deseen encubrirlo con eufemismos tales como «debates sobre propuestas», «rumbos ideológicos» o «modelos organizativos».