Acoso (2)

La Razón
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Perdonen Vds que me repita, pero es que parece que no aprendemos. El otro día, desde mi férrea posición de feminazi, ya les conté que a los hijos de puta no hay que ahorrarles ni una sola letra y que solemos encontrarnos a lo largo de nuestra vida a bastantes. A esos tipos que, si bien no te acosan, o no llegan a tales extremos, están acostumbrados a poder incomodarnos impunemente. Son esos mismos que se empeñan en distinguir entre tocarte el culo o una rodilla a pesar de que la respuesta nuestra haya sido en ambos casos un no. Son esos que consideran que las mujeres hemos entrado en una dinámica que nos hace menos encantadoras. Por lo visto, reivindicar la igualdad y nuestra dignidad nos quita atractivo, qué pena más grande. Pero de pronto, llega casi lo peor. Y no somos otras que nosotras mismas. Estamos divididas en tres reacciones distintas ante la ola de denuncias públicas. Las denuncias públicas son noticia porque afectan a actrices, mayoritariamente, o al menos son las que aparecen estos días en la prensa. Pero Vds como yo, queridas lectoras, saben que suceden en cualquier orden, clase y circunstancia de la vida. La primera reacción de algunas mujeres es pensar que esos hombres se sobrepasaron, las violaron, las acosaron, porque hubo una que dijo que sí. Es decir, la culpa sigue siendo nuestra. La segunda es llegar a la conclusión de que no vale denunciar ahora y no haberlo hecho en su momento. Es decir, la culpa sigue siendo nuestra. Y la tercera es la que sale como un solo hombre a defenderles, no vaya a ser que generalicemos y se sientan ofendidos. Es más, es que ellas mismas se sienten ofendidas por ellos. La mujer que no entiende que ella misma puede ser víctima de esta mierda tiene mucha suerte y poca empatía. Quizá no haya sido capaz de ponerse en los zapatos de las que sufrieron acoso. Si lo hiciera, sabría que a veces se dice sí por miedo, que a veces no se denuncia en su momento por fragilidad, por pánico, porque siempre se abusa de poder en esas situaciones. Sabría también, además, que a los hombres no hay que defenderlos en general, sino que los buenos no necesitan defensa y lo saben. Ya está bien de llevar siempre la pena y la culpa. No cuenten conmigo para ofrecer cobertura a estos mierdas.