Asunto de estado

La Razón
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«Es propio del filósofo especular sobre todas las cosas» (Aristóteles); del rescatado estilo Simeone, hacerlo con el marcador favorable, y de nosotros, periodistas, conjeturar con lo que sabemos, intuimos o ignoramos del fútbol. En sus manifestaciones, Bill Shankly resultaba categórico, tajante. Ya saben, para él, este deporte era «mucho más que una cuestión de vida o muerte», a menudo dependiente del pito de los árbitros, «cuyo problema», afirmaba, «es que conocen las reglas, pero no el juego».

El caso es que el Atlético, con ese fútbol nunca bien ponderado porque es imposible encomiar la desesperante y constante entrega de la pelota al adversario, ha regresado a los orígenes del «cholismo» y saca más o menos adelante partidos horrorosos como el que ganó al Betis y chocantes como el que no supo ganar al Athletic el pasado domingo.

En el Barça, el verbo especular se conjuga en despachos y alrededores. La noticia es que el club y los Messi han acercado posturas, lo que en el fútbol no equivale a ceñirse, como en los ruedos, por si te pilla el toro. Por eso, al negociar una ampliación de contrato con subida salarial astronómica el último y definitivo acto es la firma. Todo lo anterior, divagaciones. Algunas más verosímiles que otras porque hay fuentes que distraen más que Cibeles cuando el Madrid gana un título.

Messi quiere seguir. Su vida y la de los suyos discurre en Barcelona, y valora el esfuerzo económico que supone renovarle. El papá aún espera algo más que esos cien millones brutos anuales con bonus y prima de fichaje incluidos. Leo sería el futbolista mejor pagado del mundo con cerca de 50 millones netos por año. Por eso no empiezan las obras de ampliación del Camp Nou. Hay asuntos más urgentes e importantes: mantener a Messi es cuestión de Estado.