Caudillismo sin recorrido

La Razón
La RazónLa Razón

Sucede en los partidos cuyo único activo es su caudillo. Corren el riesgo de disfrutar de una vida corta. Blas Piñar, Ruiz Mateos, Rosa Díez, Vicente González Lizondo, incluso Mario Conde fueron flor de un suspiro para sus siglas. Los recuerdo cuando veo actuar a Albert Rivera, cuya brújula personal es incuestionable y palabra de ley en su organización. No quiere aceptar la procedencia y la deriva de la mayoría de sus votantes, ni asumir la responsabilidad de facilitar la formación de Gobierno, siendo capaz de contradecirse en sus propios comportamientos. ¿Quién puede explicar que C’s formalice un pacto con el socialismo para ir a una investidura inviable y fallida como demostró la realidad? ¿Quién puede entender su frontal oposición a cualquier diálogo del PP con Convergència cuando tragó que el PSOE pactara con ellos y con independentistas de ERC y CDC tras el 20-D en el Senado?

Más contradicciones. Rivera es el político que más habla del espíritu de la Transición, del diálogo y del consenso. Sin embargo, su actuación se revela como la más intolerante, como dueño de la infalibilidad. «O lo que digo yo, o la nada».

Sobre su caudillismo, comentaba ayer mi amigo Rogelio repasando los partidos y sus líderes: todos cuentan con relevos automáticos menos Rivera. Para Mariano Rajoy y su PP, si mañana debiera ser relevado, asoma una treintena de sucesores –Cospedal, Soraya, Margallo, Feijóo, Casado, Esteban...– al igual que sucedería con Pedro Sánchez; Susana, Page, Chacón y algunos de la vieja guardia. Podemos de Pablo Iglesias podría tirar de Monedero, Errejón, Echenique, Dancausa y hasta Rita Maestre. ¿Qué pasaría con C’s? Girauta, Villacís, Arrimadas, Nar no llenarían ni al póster electoral. Así es la vida.