Culpa y responsabilidad

La Razón
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Vaya por delante que ni yo, ni usted, ni los europeos tenemos la culpa. No somos nosotros quienes han provocado la muerte del niño sirio, ni los que empujamos al exilio a millones de desventurados. La desgracia que aflige a los que arriban a las islas griegas o tratan de colarse en la Unión Europea soportando penalidades sin cuento no es consecuencia de nuestra conducta. Los culpables están en Siria, en Irak e incluso en la opulenta e inmisericorde Arabia Saudí y matan en nombre de Alá y mirando a La Meca.

Tenemos, eso sí, una ineludible responsabilidad, una obligación moral con los que sufren. No seríamos dignos de considerarnos demócratas o civilizados si no tendiéramos la mano a quienes llegan aterrados y exhaustos a nuestras puertas. Los periodistas, muy dados a etiquetas del tipo «el partido del siglo», hemos bautizado ya esto como «el mayor desafío en la historia de la UE». Es una burda exageración. La caída del Telón de Acero o la Guerra de Yugoslavia han sido retos de mucha más entidad. Si Alemania puede absorber un millón de inmigrantes, cómo no va a poder asumir España 20.000. Quizá deberíamos empezar a preparar al personal para ese momento, no lejano, en que se descoloren los carteles de bienvenida que ahora decoran campanarios y fachadas de ayuntamientos, pero eso para otro día. Lo que me quita el sueño hoy es el súbito arrebato guerrero del personal. Desde todos los ángulos se clama para que se despachen tropas a Mosul, Al Raqa y aledaños, a meter en vereda a los facinerosos del Daesh y acabar en origen con el problema. Para la OTAN, derrotar a los fanáticos islámicos del EI es una tarea sencilla, pero ahí no acaba la cosa. El papel de aguafiestas es desairado, pero me permito recordarles que las misiones militares deben tener, indefectiblemente, un objetivo claro. ¿Cómo será la ocupación? ¿Cuántos años durará? ¿A quién colocamos en el poder? ¿Se puede imponer la democracia a quien no la quiere?

Según una encuesta del CIS, sólo el 16,3% de los españoles está dispuesto a arriesgar su vida y empuñar las armas para defender a España. Con ese panorama no hay que ser un lince para adivinar la que se montaría en la Puerta del Sol en cuanto empezasen a llegar cadáveres de jóvenes españoles a la base de Cuatro Vientos.

Apoyo aéreo, el que haga falta. Satélites espías, drones y armamento, a granel. Pero las botas sobre el terreno deben ser jordanas, árabes, turcas o iraníes.

Lo contrario es el pasaporte al desastre.