Decepción y abatimiento

Jamás me he sentido decepcionado ni abatido por hechos provenientes del PSOE o de Izquierda Unida. En quien no se confía, nunca decepciona. Hoy me siento decepcionado, escandalizado y abatido por el oscuro y turbio presente del Partido Popular relacionado con ese tal Bárcenas, que fue su tesorero, su administrador, su repartidor de sobres de dinero negro y su chorizo de Cantimpalos sin que nadie, absolutamente nadie del Partido Popular, lo denunciara a sabiendas de sus actividades. Por supuesto que respeto la presunción de inocencia, en este caso más por apariencia que con convicción. Pero un partido político con centenares de miles de militantes y millones de votantes no puede permanecer a la espera de lo que dictamine el juez. Bárcenas fue expulsado del PP, pero con reacción tardía. Y ante la información documentada y exhaustiva del diario «El Mundo», el PP no tiene otra salida que la contundente explicación y la firmeza con los altos y medianos cargos que han estado percibiendo de esos fondos podridos alicientes y complementos de hasta 15.000 mensuales mientras los principales responsables del partido miraban a otra parte. Se dice que fue Rajoy quien ordenó a María Dolores de Cospedal que pusiera fin a la doméstica práctica de la corrupción. Si así fue, Rajoy deja claro que sabía de la existencia de esa práctica, que no por venir de tiempos atrás sea merecedora de ningún tipo de amnistía. Y tengo la plena seguridad de que Rajoy y María Dolores de Cospedal conocen a la perfección la relación de los altos cargos beneficiados por los sobres que Bárcenas repartía.

En cualquier tiesto puede crecer un sinvergüenza, pero el cuidador del jardín no puede permitir que contagie a la totalidad del recinto. Se equivocan los actuales dirigentes del Partido Popular si creen que el escándalo sólo afecta a su partido. Afecta a millones de españoles que han creído en ellos. Afecta al sistema. Afecta a la credibilidad de los políticos. Afecta a los ciudadanos que están pagando unos impuestos desproporcionados, depredadores y ladrones y advierten con estupor que la casta política se enriquece a sus espaldas. Una hora más sin que Rajoy ofrezca unas explicaciones diáfanas nos acercará más al desastre. Y los medios de comunicación más cercanos en su proyecto periodístico al Partido Popular son los que tienen que manifestarse desde la información con más ética, decencia y exigencia. El PP está obligado a expulsar inmediatamente, sean o hayan sido ministros, sean o hayan sido diputados, sean o hayan sido senadores, sean o hayan sido alcaldes a cuantos han formado parte de la red corrupta de Bárcenas y los suyos. Y lo tiene que hacer ya, sin dilación, sin declaraciones a la prensa con argumentos mal navegados, resueltamente. Esperanza Aguirre ha calificado la situación de «crisis institucional gravísima». Corrupción en CIU, corrupción en el PP, corrupción en el PSOE, corrupción en el sistema. Si el PP quiere salir digno de este laberinto interminable y angustioso, debe saber que le resta un escasísimo margen de tiempo para la reacción. Y que la reacción tiene que ser dura y ejemplar para que los ciudadanos que nos sentimos decepcionados, escandalizados y abatidos sepamos que nuestros votos no han servido para mantener la podredumbre golfa, sino para ayudar a sacar adelante a España después de un período intolerable.

Ya es tarde y seguimos a la espera.