Derrotas infamantes

Lo dijo Del Bosque y en este sentido, nada que añadir: «Merecimos perder». Afortunadamente, tenemos un seleccionador que no recurre a subterfugios para calificar las actuaciones del equipo. Desde que ganó el Mundial, a la Selección le han pintado la cara en más de una ocasión. En los partidos de clasificación para el Mundial ha ganado los puntos necesarios para ser primera de grupo y no vivir angustiosamente hasta el final como era costumbre. En los oficiales, los futbolistas juegan con más tensión que en los amistosos. Éstos se organizan con la excusa de servir para la preparación, pero en muy pocas ocasiones el argumento es válido.

Con campeonatos nacionales con tantos partidos, castigar a los jugadores con viajes a lo Marco Polo suele pasar factura. Son los propios futbolistas quienes juegan con alguna reserva mental. Creen que su superioridad les acaba llevando al triunfo, lo que no es cierto, y en confrontaciones tan inusuales y tan improductivas desde todos los puntos de vista deportivos es lógico que no se manifiesten en plenitud.

Ha ocurrido también que ante selecciones acreditadas, ante las cuales convenía mantener el prestigio de campeones, nuestros jugadores han sido hasta goleados. Han acabado por sufrir la infamia de derrotas que desacreditan. Sobran amistosos. Sobran ocasiones en las que, al final, puede suceder lo de Johannesburgo. Se hizo el ridículo futbolísticamente hablando y se vivió el esperpento de tener que recurrir a obviar lo pactado para poder alinear a Pepe Reina y que el equipo no quedara con diez y Arbeloa de portero.

Posdata. Khedira tiene sustituto; Valdés, menos.