El «Mossat»

Mas está empeñado en dotar a Cataluña de un Centro Nacional de Inteligencia. No puede hacerlo, pero lo está intentando, como otras cosas. Y ha acudido al Mossad de Israel, que son palabras mayores. El Mossad es el centro de espionaje del único Estado democrático, libre e independiente del Medio Oriente rodeado de enemigos que sólo aspiran a pulverizarlo. Cataluña no es un Estado, sino una autonomía de España, sus poderes no parecen respetar la libertad de los que allí viven y nadie piensa en pulverizarlo, sino todo lo contrario. Lo mismo que si al hijo de un multimillonario no le entra que dos más dos son cuatro,y contrata a un matemático con el Premio Nobel como profesor particular. Un derroche innecesario. No resulta serio que acudan a pedir favores, instrucción y asesoría a los espías más inteligentes y activos del mundo unos señores que llevan más de un año discutiendo el texto de una preguntilla que nunca se va a formular.

Los viajes de Mas son caros, pero positivos. Cada vez que vuelve de un periplo lo hace con la voz más pausada y el tupé más caído. En Cataluña no se enteran plenamente, porque allí los medios de comunicación están a sus órdenes de acuerdo con el valor de las subvenciones. No saben muchos catalanes y afincados en Cataluña la cantidad de horas que ha invertido Mas en las salas de espera de los despachos más importantes del mundo para no ser recibido por los titulares de los despachos. Para mí, que en el Mossad – «Mossat» para Mas-, ha accedido a atenderlo un espía de cuarta fila y expediente nublado. En el Mossad, a los espías que meten el remo, los destinan a «Pasillos», que es un destino cómodo pero poco brillante. Consiste en recibir a los que desean saber el funcionamiento de El Mossad, que es como pedirle a la CIA que informe de sus archivos secretos. El Mossad no está para chorradas, y bastante hace con poner en riesgo todos los días a sus muchos agentes para adelantarse a las acciones de sus enemigos. Me atrevo a asegurarles que Mas ha vuelto de Israel con menos información del Mossad que la que tenía antes de embarcar en el avión que lo llevó a Tel Aviv. Pero si él dice que el viaje ha constituido un éxito, su cadena de televisión y sus periódicos se encargarán de proclamar su triunfo.

El embajador de Israel en España, cierto es, ha manifestado en más de un resbalón diplomático sus simpatías por el llamado proceso independentista catalán. Está claro que no pertenece al Mossad, y por ello, con toda probabilidad, no se mantendrá excesivamente en el cargo. No por no formar parte del Mossad, sino por introducir la pata hasta los aledaños del corvejón. De ahí que Mas haya retornado muy caído de ánimo del viaje, porque iba bastante bien recomendado. Pero no ha podido ser.

Por ahora, la creación del «Mossat» catalán es un asunto paralizado. El Gobierno de España ha recordado que sería ilegal y que no lo admitiría nunca, pero ya se sabe que los independentistas se pasan la ilegalidad por los pliegues inguinales y les importa un bledo lo que el Gobierno admita o no. La creación del «Mossat» catalán ha sido desaconsejada por el Mossad verdadero, según deduzco de la desesperanza que se ha dibujado en el rostro de Mas desde que aterrizó en Barcelona procedente de Tel Aviv.

O contrata a Mortadelo y Filemón, o el proyecto no se pone en marcha.