Encuestas y reencarnaciones

La Universidad de Nueva Delhi es famosa por ser una de las más grandes del mundo, por sus prestigiosas facultades de Ciencias y Economía y por la rivalidad entre científicos y economistas. Durante una intervención, en tono jocoso, el rector afirmó que los malos físicos se reencarnaban en economistas y los malos economistas, en sociólogos. Pero los sociólogos son bastante influyentes, tanto los buenos como los que son una reencarnación-castigo por su falta de profesionalidad en la anterior vida. Sus predicciones electorales traen de cabeza a los partidos. El día más temido es el que se publica un sondeo y sólo se libran los que están en la cúspide de la pirámide, los metafísicos, que nunca son sometidos al escrutinio del sondeo. Distintos portavoces políticos salen a justificar los datos, los periodistas buscan unas declaraciones comprometidas y los reporteros gráficos, una cara compungida o contrariada.

Cada sondeo es objeto de elucubraciones, razonamientos y opiniones para todos los gustos. Incluso algunos lo toman como si fuese el catón y asumen a rajatabla las instrucciones incluidas en él.

Éstas son descifradas cuidadosamente por los partidos y determinan el mensaje electoral, los temas sobre los que hay que incidir e incluso qué candidatos son idóneos. Algunos dirigentes son especialmente obedientes a la disciplina demoscópica en este aspecto, siempre que los datos afecten a otro y no a él mismo.

Pero algo deben estar haciendo mal los políticos cuando en el último CIS, el 75% de los españoles cree que los no se preocupan de lo que piensa la gente. Quizá ocurra como en el cuento hindú en el que una mujer buscaba algo alrededor de un farol. Alguien le preguntó qué buscaban y la mujer le respondió que una aguja que había perdido en su casa, pero que como en ella no tenía luz, había venido a buscarla junto al farol. No estaría mal que el PSOE buscará la aguja donde la perdió y no donde señala Metroscopia.

El rector bromeaba, pero no es ninguna broma que hindúes y budistas creen en la reencarnación y, según ellos, tiene su fuente en la liberación del dolor que debe conseguir el ser humano. Para ello ha de suprimir la sed o el deseo aliado con el placer, que origina inexorablemente las reencarnaciones.

En su razonamiento, la sed se debe a la ignorancia y ésta engendra ambición, odio y errores, que son las «tres raíces del mal». Es donde nacen las malas acciones y sus consecuencias. La liberación por extinción de la sed es una larga maduración que supera muchas veces la duración de una existencia, de ahí la necesidad de reencarnarse.

Cuando le contaba a un amigo la historia, me replicó que también hay quien cree que los malos políticos se reencarnan: en políticos de otro partido. Así, por ejemplo, lo malos del PSOE se reencarnarían en políticos de Podemos. De ahí que los socialistas debamos hacer un esfuerzo por abandonar todo atisbo de ambición, odio y estar alerta ante los errores para que este nuevo partido no aumente en diputados a nuestra costa. Intentaré volver a conversar con mi amigo. Se me olvidó preguntarle en quién se reencarnan los malos políticos de Podemos.