Francia, Francia

La Razón
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Francia ha dejado de ser lo que era o lo que, por pereza, seguíamos creyendo que era. La Marsellesa, la protección de su cultura, las liturgias republicanas, mayo, el último tango, los adoquines, Gainsbourg, Birkin, Sartre, Camus y la «Gare de Austerlitz». Francia ha sido modelo, referente y huida. Después de la primera vuelta presidencial es una nación más. Sufre los achaques de esta modernidad disgregadora que se ha ventilado de un plumazo la segunda mitad del siglo XX. Ni «liberté», desde Bataclán vive en estado de excepción, ni «égalité», las diferencias y la «guetificación» son marca país, y bueno de la «fraternité» mejor no hablar porque no hay ni hermanos ni afecto. Francia ha vuelto a reflejar esa ruptura de los vasos comunicantes de toda democracia sana. Lo vimos con crudeza en Estados Unidos, lo intuimos por aquí y en Francia se expone como un retrato en sepia. No hay permeabilidad y todo se resuelve o se disuelve en dialécticas irreconciliables: campo-ciudad, jóvenes–viejos, proteccionismo-liberalismo, nosotros– los otros. Así llegamos a una segunda vuelta en la que los partidos que han gobernado durante más de medio siglo ni están ni se les espera. El estado del bienestar y de las oportunidades ha derivado en una estructura desmoronada con los conservadores tocados por el escándalo y empeñados en mantener candidato y los socialistas desperdigados en cainismo. Así que lo máximo que se ha podido poner a salvo es ese indeterminado político llamado centro. El centro, adornado con bisutería social-liberal, es el vacío, es la nada con bordillo de mármol. Macrón, aparece como la última barrera para mantener las formas. El tipo tiene todos los atributos formales que se pueden pedir a alguien para no provocar rechazo. Hasta fue ministro de un Gobierno socialista que intentó hacer políticas posibles y pegó una espantada ante la contestación popular. Pues es lo más «apañao» que el sistema ha conseguido para poner a salvo el propio sistema. Y por si acaso pierde la perspectiva no tiene partido. Será Presidente, espero, con un movimiento que es una estructura política soluble y ventolera. El tiempo para su puesta en marcha es inversamente proporcional a su fragilidad. Si esto es lo más sólido que nos ofrece la democracia francesa con su quinta república ajustémonos los machos, que vienen meses de putrefacción y carcoma a este lado de los Pirineos.