La historia no le absolverá

Artur Mas ha decidido que la mejor salida a la rocambolesca situación que ha creado es la confrontación. Con una irresponsabilidad rayana en la majadería, el presidente catalán no descarta la declaración unilateral de la independencia. Se justifica con dos grandes argumentos. Primero que las previsiones económicas negativas son falsas. Que Cataluña va bien. Su arrogancia es asimilable a ignorancia. Las empresas hoy invierten porque no creen posible la independencia. La afirmación no es mía. Es de Moody's. La salida de la UE será determinante y la inestabilidad política también. Para las empresas de fuera. También para las propias. Las entidades financieras, por ejemplo, serán las primeras. Quedarse fuera de los créditos del BCE no será santo de su devoción. Y pagar aranceles no es caramelo de gusto para las empresas catalanas exportadoras. Las mismas que preparan su plan B junto sus abogados – sugiero al señor Mas que haga un par de llamadas para comprobar que esto no es una majadería basada en la política del miedo– para cambiar, cuando toque, el domicilio social.

Segundo argumento. Afirma que la secesión de Cataluña no se puede comparar con Crimea. En Cataluña no hay violencia. ¿Seguro, presidente? ¿Cómo hay que interpretar este tuit? «Buenos días. La animadversión por el derecho a decidir de sectores españoles o partidos en pleno siglo XXI no puede ser gratuita». Es de julio de 2013. Origen, cuenta oficial de Convergencia Democrática. No es el único. Las musas del secesionismo llaman colonos a los castellano hablantes –Anna Tarrés–, los tildan de colaboracionistas –Toni Soler–, consideran que vinieron cargados en vagones que envió Franco –Monserrat Carulla–, que España es un Estado terrorista –Toni Albà– y algún que otro energúmeno –por cierto no desmentido– pide juzgar a quienes no comulguen con la independencia. La acusación será que eres un mal catalán por no bailar el agua a la secesión. Nadie ha dicho ni una palabra, tampoco, del planteamiento violento de la Asamblea Nacional. Quiere ocupar puertos, aeropuertos y fronteras el 23 de abril de 2015. Su día de la independencia. Parafraseando una canción de la Transición, «violencia no hay, pero sin duda la habrá» a tenor de cómo evoluciona el lenguaje de los fanáticos secesionistas en las redes sociales.

Mas camina hacia el abismo embriagado de ardor patriótico. Quiere pasar a la historia, pero esa historia no le absolverá. Tampoco los miles de catalanes perplejos al ver cómo se ha perdido en su propio laberinto. Será el gran responsable de lo que pase. Y auguro que no será nada bueno.