La intifada de los cuchillos

La Razón
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Todavía no se sabe muy bien qué nombre se merece pero ya tiene muchos calificativos: la intifada de los chuchillos, de los apuñalamientos, de Obama, del Monte del Templo, de los asentamientos. Sin embargo, los israelíes no están seguros de que se trate de algo comparable a las dos anteriores intifadas (levantamiento, sublevación). Acaba de empezar y esperan que esta explosión no dure mucho. Al fin y al cabo, los apuñaladores están terminando por sucumbir a la acción de las fuerzas de seguridad, en el máximo despliegue, a la máxima tensión. De hecho han conseguido frustrar atentados en el momento mismo de su comisión, por más que sean absolutamente imprevisibles y los servicios de inteligencia estén completamente a ciegas, pues la principal característica de la nueva oleada de violencia es su espontaneidad y falta de organización, lo cual no quiere decir que no sea producto de la incitación, como sus predecesoras. Se trata de una incitación genérica, perpetua en el liderazgo palestino, que trata de responder a la rabia de su población, encabezándola y azuzándola al mismo tiempo. Pero no parece que ni Hamas ni la Autoridad Palestina hayan pretendido desencadenar lo que ahora está en marcha, aunque su perpetua e inundatoria propaganda y todo su sistema educativo esté dirigido a avivar la llama del odio y la negación de Israel.

En todo caso, recientes declaraciones inflamatorias de Mahmud Abás, el presidente de la Autoridad Palestina que gobierna el territorio llamado Orilla Occidental (durante algún tiempo Cisjordania), tienen que haber contribuido al fenómeno de los últimos días. Acercando la llama a un tema especialmente explosivo afirmó contra toda verdad que el Gobierno israelí pretendía arrebatar al culto islámico la explanada conocida como Monte del Templo o, por los musulmanes, Haram al Sharif, para realizar excavaciones en búsqueda del emplazamiento exacto del segundo templo judío de la antigüedad. Para los musulmanes ocupa la tercera posición entre sus lugares santos, por la mezquita Al Aqsa, que siguen en importancia a las de La Meca y Medina, y por la Cúpula Dorada, construida en el punto en que el Profeta ascendió a los cielos montado en su caballo. Para los judíos es número uno en importancia religiosa e histórica. Netanyahu desmintió rotundamente que hubiera el más mínimo cambio en el status de administración del lugar, en el que los judíos tienen prohibida cualquier manifestación religiosa. Rezan en el muro occidental de contención de esa explanada que está en alto y en buena parte es relleno. El famoso Muro de las Lamentaciones.

Otros han buscado la causa de los nuevos atentados en la expansión de los asentamientos en territorios palestinos, pero estos no han crecido en número sino en altura y en algún caso en superficie para responder al crecimiento natural de su población. En definitiva el problema es siempre el mismo. Los palestinos no reconocen a los judíos como un pueblo y una nación, sino como una religión y como colonizadores. Los israelíes no están de acuerdo.