La mejor Liga del mundo II

Mi modesto artículo del pasado sábado ha levantado ampollas en Twitter al afirmar que tenemos la mejor liga del mundo, por su competitividad, por sus actores, sean futbolistas, árbitros o entrenadores, y por la incertidumbre de muchos de sus resultados en la clasificación. Es elogioso llegar a la última jornada con plazas europeas sin decidir y descensos con opciones de ser eludidos. La respuesta fue inmediata y poco menos que debí pasar el fin de semana internado en un centro psiquiátrico porque los horarios y los precios son una locura. No les falta razón, pero tampoco derrumban mi opinión.

Se quejan de no poder planificar sus viajes, como los ingleses, por los horarios y el precio de las entradas, fuera del alcance de sus modestos bolsillos. Cierto. Pero los precios ya están bajando y, respecto a los horarios, poco arreglo veo. La potestad para fijarlos corresponde a la Liga de Fútbol Profesional, pero el operador, que paga cientos de millones, decide y punto. También les digo que si no abonase esas cifras, no habría fútbol profesional.

Otra cuestión es el reparto de esos ingresos, materia reservada a los clubes y a la LFP. Los desequilibrios nunca resultan positivos, pero en los negocios no mandan los hombres de fútbol sino los negociadores. Cuando defiendes derechos desde un club grande, quieres lo que produces y, cuando eres modesto, menos diferencias. Les corresponde a ellos ponerse de acuerdo y recortar distancias. No pueden vivir los unos sin los otros y ninguno de ellos subsistiría sin el fútbol base, al que muy pocos miran de frente, aunque todos presumen de cantera.