La selección natural

Tampoco hay que inquietarse demasiado por las subidas y bajadas de nuestra clientela. Para desgracia de zoquetes, tiranos, depravados o impostores, el teatro no va a desaparecer. Les seguirá desenmascarando a través de la inducción al pensamiento libre y la consiguiente emoción del arte. Ni en los lugares más recónditos de nuestro planeta existe una sola sociedad sin un grupo de hombres que trata de comunicarse con los demás camuflándose en otro personaje o divinidad. Forma parte de una inclinación instintiva cuyo único cambio sustancial en milenios reside en que la mayoría de la tribu ha pasado de copartícipes del ritual a simples mirones de unos especialistas. En el largo camino recorrido hasta nuestros días el gremio de comediantes ha transitado por toda clase de peripecias. De un extremo al otro. Desde la prohibición de sepultura en camposanto hasta ser nombrados Honoris Causa. Desde la penuria de las carretas a vivir holgadamente del erario público. Sin embargo, la práctica del teatro ha permanecido inmutable en sus esencias y las diferencia entre las obras contemporáneas y aquellas que se representaban en Epidauro se reduce a una cuestión de envoltorio. Más bien asistimos a una paradoja aleccionadora; el mejor teatro de la historia se representó con dos docenas de antorchas y unos bancos de madera. Testimonio muy útil en los momentos actuales. Los avances técnicos y los medios económicos no han significado proporcionalmente mejores resultados artísticos y sociales en el arte escénico. Es importante recordarlo precisamente en estas circunstancias menguantes en relación a épocas recientes de mayor dispendio. Buen momento para buscar la substancia de nuestro oficio y replantearnos lo accesorio. Replantearnos el teatro como arte del actor, en el cual los guionistas, escritores, directores o escenógrafos son, en última instancia, invitados prescindibles. Replantearnos que el teatro es una fiesta y no una ceremonia para masoquistas. Tampoco la escena es un parque temático con efectos especiales. Debemos aceptar sin complejos ni demagogias que para las masas está el futbol y la comunicación enlatada, ya sea televisión, cine o grabación musical. Nosotros practicamos un ritual directo dedicado a una minoría selecta de gran influencia social, precisamente, porque busca la realidad más profunda de la existencia a través de un arte en vivo. Si no acuden a nuestra llamada no es por la subida del IVA o la falta de subvención. Es porque nosotros no conseguimos seducirlos lo suficiente para que inviertan algo de sus bolsillos en nuestras propuestas y prefieran el bar de copas. Es mejor analizar primero nuestros desaciertos con valentía reconociendo previamente que el consumismo también nos afecta. ¿No será que este oficio está sobredimensionado y sobran practicantes? Si los difíciles momentos actuales favorecen la necesaria selección natural... bienvenidos sean.