Las cosas por su nombre

El fin de semana pasado, Estados Unidos se vio sacudido por la peor matanza acontecida en su suelo desde los atentados del 11-S. El autor, un joven llamado Omar Mir Sediq Mateen, se había declarado leal al ISIS, era vigilado por el FBI por conversaciones en que defendía el terrorismo islámico y tenía un padre que ha apoyado repetidas veces por televisión a los talibán afganos. A pesar de la clara identificación ideológica, sobrecoge la manera en que políticos y medios se han esforzado por ocultarla. Que alguien caiga en la colosal majadería de atribuir las muertes al heteropatriarcado o que el alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein o el primer ministro palestino, Rami Hamdala no hayan mencionado el terrorismo islámico ya es grave. Sin embargo, que en ese mismo silencio hayan incurrido el secretario general del Consejo de Europa, Thorbjorn Jagland o el presidente israelí, Reuvén Rivlin, resulta más inquietante si cabe. Las conclusiones son obvias: 1. Cualquier matanza resulta odiosa porque la vida humana es sagrada. 2. Un prudente control de cierto tipo de armas resulta sensato, pero los asesinatos no derivaron de esa circunstancia sino de una ideología concreta. 3. Aprovechar los crímenes para acusar de homófobos a los que no están dispuestos a doblegarse ante la agenda del lobby gay constituye una miserable e interesada falacia. En estos momentos, en Estados Unidos, se libra una batalla para que los transexuales utilicen baños distintos a los que les corresponden por su sexo, lo que ha provocado la repulsa de infinidad de padres. Aprovechar estas muertes para avanzar en ese objetivo disparatado constituye una conducta moralmente reprobable. 4. La presencia en Occidente – incluida España– de centenares de miles de personas que simpatizan con el terrorismo islámico y que incluso forman parte activa del mismo no puede seguir siendo pasada por alto. Es más, exige una acción de las autoridades que vaya más allá de esconder la cabeza bajo tierra o calificar a los atentados islámicos con cualquier nombre salvo ese. 5. Una sociedad siempre se verá mejor servida cuando le dicen la verdad que cuando le colocan por delante las mentiras ideologizadas que benefician a determinados grupos. No tengo la menor duda de que habrá algún canalla que aprovechará esta situación para cargar por enésima vez contra el cardenal Cañizares. Pero debemos llamar a las cosas por su nombre antes de que la próxima matanza cuya identidad se niega obcecadamente tenga lugar entre nosotros.