Las encuestas reales

Aunque muchos dicen no fiarse, es un hecho que todos encargan encuestas, las miran, analizan, y toman decisiones en función de lo que dicen. Serán una plaga de nuestro tiempo, pero también un indicador y un síntoma de lo que hay. En el caso de la monarquía, es un hecho que don Juan Carlos tuvo que abdicar cuando no consiguió dar la vuelta a las encuestas. Pesaba tanto el pasado y los desafíos futuros que no pudo cambiar aquella tendencia y pensó que era mejor que le sucediera su hijo.

Pues bien, han pasado tres años. Tres años en el trono que no han sido cualesquiera: el desafío independentista catalán, el juicio del caso Nòos, y la crisis institucional que llevó a la repetición de elecciones generales han marcado el reinado de Felipe VI. Por eso sería lógico un desgaste ante la opinión pública. Sin embargo no ha sido así. Y antes de que los expertos que cocinan las encuestas nos digan lo que en realidad dicen, me atrevo a sacar mis propias conclusiones que, por lo demás, me parecen bastante lógicas. Por partes.

Para empezar, es un hecho que la diferencia de opinión entre los jóvenes de entre 18 y 29 años es muy distinta a la que tienen los españoles con más edad. Es la misma crisis generacional que se plasmó en el voto de las últimas elecciones, pero en el caso de la monarquía resulta llamativo que el 38 por ciento de estos jóvenes tengan una opinión buena o muy buena de la monarquía mientras un 42 por ciento la tiene mala o muy mala. Me he referido en varias ocasiones a esta cuestión: los Reyes deben empatizar con los jóvenes y para ello tienen –en su agenda pública y privada– que mostrar proximidad con ellos y con sus problemas. Fundamentalmente por una cuestión: son el futuro. Esta misma diferencia se deja notar en la pregunta sobre si don Felipe y doña Letizia sintonizan con la sociedad española. Sin embargo, el dato positivo a pesar de los bloques de edad, está en la respuesta que valora los tres años de reinado. Los más jóvenes los aprueban mientras que la valoración crece hasta el notable final por el apoyo de los de más edad.

Siempre me ha interesado mucho en estas consultas la valoración de las personas individuales. Hay que reconocer que no han cambiado mucho respecto a las anteriores. Por eso no me ha sorprendido que doña Sofía siga siendo la más valorada –también por los más jóvenes– seguida de cerca por don Felipe. La explicación es la ejemplaridad que se percibe en ella; el estar siempre en su sitio. La popularidad de doña Sofía ha sufrido mínimos altibajos a lo largo del tiempo. Quizá no resulta especialmente cercana ni atractiva su personalidad, pero los españoles han valorado que siempre ha cumplido con su papel: no ha tenido escándalos, ni reacciones destempladas –que en ocasiones hasta hubieran sido incluso justificadas–, ni queja alguna cuando ha debido pasar a segundo plano o tapar agujeros en el protocolo. Y así lo premian.

Y una reflexión final. Los españoles no quieren que los Reyes tengan un papel más activo ante el desafío secesionista que el que ya tienen –bastante importante por cierto–, ni tampoco que tengan más poderes de los que ya les dimos al votar la Constitución; pero tampoco –salvo los más jóvenes– quieren una República. Tampoco me extraña. Seguramente la posibilidad de que Mariano Rajoy,Pedro Sánchez, Albert Rivera o Pablo Iglesias pudieran ser Jefes de Estado desanima a unos y otros. Frente a los políticos la Monarquía crece. Y tres años después de la proclamación de don Felipe las encuestas lo reconocen.