Las punkies

La Razón
La RazónLa Razón

Alguien tenía que hacerlo y voy a ser yo. Muchos otros han querido pasar del asunto mollar de la actualidad y prefieren hablar de Cataluña y el procés y esas chorradas sin importancia. Voy a ser yo la que, por fin, dedique su columna (o lo que sea que es esto) a lo que muy pocos están preparados para analizar. Voy a ser yo la que, con la responsabilidad que me caracteriza aborde el tema que está en la calle: el reality de las Campos. Venga a mí ese cáliz. Leo con estupor y perplejidad las críticas televisivas y me admira poderosamente la sorpresa que se han llevado algunos expertos con que el resultado sea el que es. Hablan de ordinariez, de chabacanería, de chonismo, de vulgaridad. Hablan de groserías, de comportamientos inapropiados, de vocabulario soez. Hablan de lo inaceptable que les resulta que tres mujeres con dinero hagan gala de que lo tienen y lo gasten con el peor gusto. Hablan incluso de que el gigoló que trató de vacilar, que trató de reírse descaradamente de Terelu, recibiera tres frescas con sus correspondientes insultos. Hablan de que comen demasiado, de que muestran abiertamente sus intenciones por la cirugía estética, de que no hablan bien inglés y de que van a restaurantes demasiado caros. ¿Demasiado caros para quiénes? ¿Demasiado caros para tres personas con dinero pero sin exceso de clase? ¿Quién barema qué se puede hacer o qué no se puede hacer sin clase? ¿Quién decide a qué tiendas, a que hoteles, a que establecimientos, a qué situaciones no se podría acceder si no se tuviera la suficiente clase? ¿Es que no se puede uno subir a un barco sin saber subirse con clase a un barco? ¿Es que todo el mundo considera que es ridículo no saber subirte a una moto de agua? ¿De verdad que no sueñan Vds en ocasiones con croquetas? Miren, si prefieren Vds un reality de la Preysler no me busquen, que bastante Show de Truman lleva encima. Si defienden Vds los toquecitos artesanales en la cara de la Reina pero les repugna una operación de papada tampoco me busquen. A mí me gusta encontrarme con la naturalidad de tres mujeres que se han ganado la vida con su trabajo, estupendamente bien y que no tienen complejos. Y sobre todo, me parece un producto televisivo tan divertido y tan punki que estoy irremediablemente rendida.