Madrid también ha llorado

La Razón
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Recuerdo aquella tarde de diciembre del año 2013 en la que tuve una conversación con Pedro Zerolo. Me llamó para contarme el reciente diagnóstico del cáncer de páncreas, con mal pronóstico. Supo que iba a una nueva pelea, valiente y fuerte. Con la entereza y el ánimo que le definían iniciaba la única batalla que no consiguió ganar. Quién lo hubiera dicho hace pocos meses, subido en los atriles y contagiando de energía a los demás. Ha habido momentos en los que llegó a convencernos de que terminaría venciendo la pelea más importante de su vida.

Así era Pedro; en realidad, esta batalla ha formado parte de su biografía como una más. Porque su historia ha sido una constante pelea por la vida. Por sacarle partido a la vida, con honestidad, liberando de losas pesadas a miles de seres humanos. Una experiencia vital cargada de victorias, pero también de sacrificios. Nunca llegó a ser diputado ni senador. Él optó por la tribuna pública, las calles, para cambiar el mundo. Poca gente sabe que renunció a una brillante y prestigiosa carrera como abogado, para convertirse en un activista por los derechos civiles en momentos muy difíciles. Un hombre generoso que recibió el cariño, el respeto y el apoyo de los demás. En unos pocos meses ha conseguido convertirse en el mejor presidente que hayamos tenido los socialistas madrileños. Tenía todas las características de los grandes líderes: inteligencia, instinto, convicciones, fortaleza, lealtad, pero entre ellas siempre destacaba la oratoria. De verbo fluido, de acento dulce, un tanto mestizo por su intenso trabajo en latinoamérica, era capaz de arrastrar a multitudes. Un pensador solvente, pero no para coleccionar ideas, para colocarlas en las estanterías del pensamiento como si solo fuera un erudito, por el puro placer de poseerlas; sino que las usaba para transformar el mundo. Pero es evidente que más elocuentes que sus palabras fueron sus actos. Sus actos transformaron la vida de mucha gente.

Hace dos mil quinientos años en la Grecia Antigua, un demócrata, Pericles, hacía una impresionante oración en honor de los ciudadanos que habían muerto defendiendo la democracia ateniense. Al comenzar a hablar, Pericles dijo que «no es justo que la fama de tantos hombres valiosos dependa del acierto en las palabras de un solo orador». Desde luego que, por mucho que nos esforcemos en hacer un relato de lo que representa, la torpeza nos impide hacer un homenaje justo, porque todas las palabras juntas no alcanzarían a llenar unos párrafos de la biografía de Pedro Zerolo.

Si uno mira hacia atrás y repasa todas las batallas por los derechos civiles en la España democrática, encuentra a Pedro en cada una de sus trincheras. Sean los gais, los inmigrantes, las mujeres o la lucha contra la pobreza, daba igual: en cada una de esas batallas estaba Pedro. Pero, en realidad, su activismo iba más allá de cada una de las causas, incluso más allá de la suma de todas ellas. Pedro ha batallado toda su vida por la igualdad. Pero creo que hay algo más. Se entiende mejor si buscamos las palabras en la gramática del republicanismo cívico, de ese pensamiento que inspiró las mejores páginas de los gobiernos socialistas del presidente Zapatero. Es la igual libertad la expresión de ese ideal. Que todos tengamos la misma libertad, la libertad del que no tiene dueño, del que no tiene amo, del que no tiene que bajar la mirada ante nadie, del que, sea cual sea su condición, mira a los ojos directamente cuando habla. También esa libertad de los iguales, que define Rosanvallon, se refleja en las palabras, palabras claras y rotundas, como las que usaba Pedro.

Hizo bandera de la diferencia, dio visibilidad a la vida y con eso la hizo mejor para muchas personas.Y así fue todavía más grande en sus actos que en sus palabras. No podría acabar estas palabras sin mencionar a Jesus, su marido, su fiel compañero, en silencio, siempre a su lado, protegiendo al guerrero. Él ha sabido quererle de otra manera, a él le duele su pérdida de otra forma. Pedro vive ahora en otro lugar, vive en nuestra memoria, vive en la personas que son un poco más felices porque son más iguales, vive en la dignidad de un país que es un poco mejor gracias a hombres como él. El mejor homenaje que podemos hacer es intentar parecernos, en la medida de lo posible, a él. A estas horas empieza a llover, Madrid también llora.