Política

Maíllo y los selenitas

La Razón
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La grata novedad política de la semana ha sido el alta médica de Antonio Maíllo. Después de meses al albur de un cáncer, la noticia merece una celebración. Y no se trata sólo de caridad, sino de la conveniencia de un hombre, el secretario general de IULV-CA, dotado de una infrecuente inquietud cultural y humana. Quien esto escribe, en la antípoda de la ideología de Maíllo, no puede sino desearle a un contrincante de valía la más larga de las vidas, con tal de eludir la oxidación de la insípida llanura. Con el paso del tiempo, al portavoz comunista en el parlamento andaluz le alteran más el sueño el partido y el aparato que las ideas o el discurso, pero sigue estando entre quienes dignifican el escaño (¡¡muy pocos!!). Por eso, ante Maíllo sirve apropiarse de la cita con variación de Alfonso Guerra, que parafrasea al ilustrado: «No comparto tu opinión, pero daría media vida por defender tu derecho a expresarla y la otra media para oponerme a ella». Gran conocedor de la civilización clásica, a Maíllo no le será ajeno el nombre de Luciano de Samósata, retórico y escritor greco-sirio, inspiración del Siglo de Oro y abuelo del género de la ciencia ficción. El llamado Voltaire del mundo antiguo –así lo definió Engels– relató el primer viaje a la Luna. Eso sí, Luciano avisa al lector de la «mentira» de lo que va a narrar, criticando así a historiadores anteriores como Heródoto, a quien parodia, y pasa a describir a los selenitas, habitantes del satélite, como varones que se alimentan del «humo de ranas asadas», carecen de «orificio anal», «tienen los ojos desmontables» y «no quedan embarazados en el vientre sino en la pantorrilla». La invención de Luciano recuerda a los discursos de esa izquierda, utopías y ficciones en las que ni Maíllo quiere ya detenerse.