Más madera para Alaya

F elicitaciones de Navidad, comilonas, regalos, gestión de botes, pancartas... Por lo visto, los fondos concedidos a UGT-Andalucía han sido una juerga flamenca de esas que el tópico adjudica a los señoritos de la zona. Nada como el dinero que no se «suda» para transformar a un teórico de la lucha de clases en un gorrón a cargo del erario público.

Tras el pasmo que produjo Cándido Méndez al afirmar que no descarta «responsabilidades políticas» (???) si las facturas investigadas resultan ser más falsas que una moneda de corcho, la noticia está en que dicha investigación pasa a manos de la jueza Alaya, que decidirá si lo que hay son responsabilidades penales, que son las que de verdad nos interesan.

La decisión de adjudicar este ¿nuevo? escándalo a quien ya se ocupa de casos como el de los ERE falsos o el de Mercasevilla tiene su razón en que todos los hilos conducen a una misma madeja, que no es otra que la que, supuestamente, han estado ovillando un grupo de sinvergüenzas con licencia para estafar y taparse los unos a los otros. No es mala cosa. Hasta el momento, la jueza del gesto impasible ha demostrado que no está dispuesta a que nadie que haya metido mano a la caja de los ciudadanos se vaya de gratis. El único problema que puede surgir con esta maraña de presuntos desvíos de fondos públicos –llamémosles robos, si lo prefieren– es que su complejidad dilate el proceso tanto como para que algunos de los posibles delitos que se investigan prescriban. No obstante, y aunque es difícil que a estas alturas esos gatos escaldados en que nos hemos convertido los ciudadanos pongamos nuestra confianza en que el agua de la Justicia va a estar a temperatura ambiente, habrá que darle a Alaya un margen para que resuelva y resuelva bien.

Sus y a ello, magistrada.