«Okupalismo» como régimen

L batalla, a la espera de jugar la prórroga que gentilmente les ha ofrecido el alcalde de Barcelona, está en el uno a cero a favor de los que optan por la violencia como única vía de diálogo, seguramente alentados por el resultado electoral de algún partido de novísimo cuño que promete convertir este país en un paraíso en el que seremos más ricos, más guapos y habrá Ferrero Roché para todos.

Se repite el fenómeno de feria del Gamonal y asistimos a otra bajada de pantalones que pone alfombra roja a todo el que decida por su cuenta que la piedra gana al papel. La prueba palpable de que Trias se equivoca, como se equivocó en su día Lacalle, es que los propios antisistema –esos que no creen en la propiedad privada hasta que se apoderan de una y entonces la defienden a sangre y fuego– se le han reído en las barbas y le han respondido que verde las han segado, rompiendo el servil ofrecimiento de diálogo antes de empezar. Total, que no sólo ha hecho el ridículo, sino que además trasmite la idea de que quienes mandan son los que se pasan las leyes por el forro, que es el bochorno rozando el patetismo.

El problema de algunos alcaldes es que desconocen que el cargo les obliga a representar al conjunto de los ciudadanos sin perder de vista la legislación vigente, y que, por lo tanto, ni pueden ni deben abrir negociaciones con quienes atentan contra el orden que han establecido, no los que ostenta puntualmente el poder de gobernar, que es lo que intentan hacernos creer, sino todos los demócratas. Ahora, los poderosos okupas piden la dimisión del alcalde genuflexo y de su concejal de distrito. Veremos si hasta ahí llega su espíritu de complacencia. Sospecho que va a ser que no.