Olas independientes

Escribí de Igueldo, barrio donostiarra, y de su escisión de San Sebastián. Esto de las independencias tiene sus riesgos y contradicciones. El PNV no está de acuerdo con «Bildu» y considera que la independencia de Igueldo respecto a San Sebastián es una insensatez sin límite. Por una vez estoy de acuerdo con el PNV. Sucede que las independencias llaman a otras independencias, y como cunda el ejemplo, no hay «Bildu» que pueda poner coto a la esquizofrenia, ni aun recuperando sus antiguas pistolas y metralletas en forma de persuasión «democrática y popular».

Igueldo es ya independiente de San Sebastián. El motor económico de Igueldo es su Parque de Atracciones, uno de los más antiguos de España y el más atractivo por sus vistas maravillosas. Es decir, que el Parque de Atracciones está plena y moralmente autorizado a independizarse de Igueldo. Los dominios del Parque limitan con la atalaya de la ladera del monte Igueldo, que se desliza, entre prados y villas, hacia el barrio de Ondarreta y la bahía de La Concha. También esa ladera tiene sus derechos, y si fueran consultados sus vecinos, con toda seguridad aprobarían su independencia respecto al Parque de Atracciones. Ya tenemos tres independencias. La de Igueldo de San Sebastián, la del Parque de Atracciones de Igueldo, y la de la ladera de Igueldo del Parque de Atracciones.

La ladera finaliza en un terreno más llano. La falda de Igueldo. Ahí están las villas de los nobles madrileños y guipuzcoanos hermanadas. Desde la Torre de Satrústegui, a Villa Zurgena. Y la falda, más rica que la ladera en sí, también puede independizarse de la ladera. Pero que la falda no se ponga tonta, porque sus dominios terminan en el malecón, obra construida en los primeros años del reinado de Alfonso XIII. Y el malecón, por motivos de singularidad, cuenta en su haber con sobrados derechos históricos para independizarse de la falda de Igueldo. El malecón, ya independiente, cree que ha conseguido su propósito, cuando le vienen del noroeste nubarrones de tristeza y preocupación. El malecón muere en la proa del Monte Igueldo, que se sumerge con su perfil de roca en la mar. Hace años, allí se instaló un precioso conjunto escultórico del gran artista vasco Eduardo Chillida, el «Peine de los Vientos», que forma parte del conjunto de las rocas entregadas a la mar y las galernas. Y lógicamente, «El Peine de los Vientos» no quiere pertenecer al malecón, que es un malecón de lo más corriente, sin nada artístico que aportar. Así que el «Peine de los Vientos» también logra su independencia del malecón, y cuando Igueldo se ha independizado de San Sebastián, el Parque de Atracciones del Monte Igueldo, la ladera del parque de Atracciones, la falda de la ladera, el malecón de la falda y el «Peine de los Vientos» del malecón, le llega el turno a la mar, con la que nadie ha contado.

Las olas que rompen en Igueldo, de acuerdo con los vientos y las mareas, en nada se parecen a las que se pulverizan en el Monte Urgull, la isla de Santa Clara o la Zurriola, con su playa de Gros. Son olas diferentes. En los noroestes, las olas de Urgull apenas inquietan, mientras el «Peine de los Vientos» parece que va a desaparecer por la furia de los nortazos. Son olas de razas opuestas, con derechos históricos distintos, como las que rompen en la playa de la Concha y en la de Ondarreta. Y la mar también exige la independencia de sus olas, porque son desiguales, porque rompen a su manera, porque hablan con discrepante fuerza en el choque definitivo.

Siete independencias por una majadería. Y sin reparar en las gotas que saltan de las olas rompientes, que también tienen su derecho a la libertad. Un follón.