Política que cura

La encuesta sobre la intención de voto en el País Vasco certifica que la basura puede derrotar a la ideología. La necesidad siempre es más fuerte que una abstracción sin fundamento. ¡Quién le iba a decir a la izquierda abertzale, después de décadas luchando por la sacrosanta liberación del pueblo vasco, que iba a ser una cuestión doméstica la que acabara provocando una derrota de su causa! Seguro que es una conjunción del nacionalismo español, asociado al imperialismo capitalista, la que ha fomentado la resistencia al más moderno y liberador sistema de gestión de residuos: el conocido por sus siglas como PaP, sistema puerta a puerta.

Ya se sabe que el pueblo, adocenado por la superestructura, suele rechazar el progreso. Y ya explicó Lenin que hace falta una vanguardia revolucionaria para abrirle los ojos. Y en eso estaba Bildu con su PaP, con su sistema endiablado de recogida de basuras, galimatías de complejo calendario, cuando los vecinos de los siete municipios donde se ha instalado armaron una revuelta ciudadana porque no les resulta nada higiénico. Tanto es así que Bildu ha tenido que recurrir a una «Nueva Política Económica» y ha dado «libertad» a sus responsables municipales para que implanten o no el PaP, según las circunstancias. Y es que gobernar un Ayuntamiento es así. Cuando ganas una alcaldía no sólo consigues notoriedad para acompañar a los etarras de Segi a la cárcel o para pedir la amnistía de los presos. Luego hay que ocuparse de la historia con minúscula. La vuelta a la política de los abertzales, tras los anuncios de fin de la violencia de ETA, que no de su disolución, le dieron un plus de apoyo. Ahora empieza a perderlo. Probablemente sea la gestión del día a día la que provoca que sus simpatizantes hayan disminuido. Lo sabremos cuando se celebren elecciones. No es lo mismo contestar una encuesta que votar. Si ese día pesa más la basura que la insoportable levedad de la causa de liberación vasca, sabremos que la política cura.