Portillo y Páramo

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Con 69 diputados, el nuevo Stalin le exige a Sánchez para alcanzar un pacto de Gobierno la vicepresidencia, el control del CNI, el BOE, el CIS y los medios de comunicación, la celebración de un refrendo independentista en Cataluña, la eliminación de «la indisoluble nación española» de la Constitución, el aumento del gasto público hasta lo inasumible, subidas de impuestos y la mitad de los sillones del Consejo de Ministros. Una exigencia que se va a cumplir. Es posible que en próximas conversaciones, el nuevo Stalin renuncie al CIS en señal de buena voluntad, y así ayudar a justificar a Sánchez su pacto con los depredadores de la libertad, con los amigos del Estado Islámico, de la ETA, de Irán y de Venezuela. Sánchez pasará por todos los aros de fuego como un pobre león de circo amaestrado, y los barones socialistas, que tanto han hablado, callarán como cómplices desplumados de la gran traición. Inmediatamente después de la investidura, comenzará la construcción de los barracones.

¿Dónde los barracones? Les regalo la idea. El lugar perfecto para idear un campo de concentración estaliniano, con Ferreras y Wyoming al mando de la disciplina interna, se ubica junto a la vieja carretera de Santander a pocas decenas de kilómetros de Burgos. Una planicie inmensa, deshabitada de árboles, a más de mil metros de altura, con un invierno presiberiano y un verano tórrido aliviado por los cambiantes vientos.

Desde el Portillo del Fresno al Páramo de Masa. Al finalizar la larga recta del Páramo, se alza un bosquezuelo reforestado de coníferas sufridoras y resistentes que no convence a nadie. Se trata de un bosque sin vida. La única oposición que va a tener el nuevo Stalin para instalar en ese sitio su primer Campo de Concentración puede surgir del ecologismo sandía. Pero los ecologistas sandía –verdes por fuera, muy rojos por dentro–, no se levantarán contra Stalinito a pesar de que el Páramo de Masa y el Portillo del Fresno es senda habitual del lobo que acosa a los rebaños que pastan en la vecina merindad del río Ubierna.

Más allá del Páramo de Masa, hacia Santander por el puerto del Escudo, se abre un valle prodigioso, el del río Rudrón, contribuyente del todavía discreto Ebro, que se abre en Tubilla del Agua y se amplía en Covanera y San Felices para cerrarse de nuevo en Quintanilla de Escalada, con su puente sobre el padre Íbero. Gracias a Dios, ese paisaje verde, rotundo y feraz que se ofrece en la cercanía del Páramo y del Portillo no merece formar parte del Campo de Concentración por su excesiva belleza. De ser así, más que un Campo de Concentración parecería un campamento de vacaciones, quebrando la sensibilidad estalinista y leninista de sus fundadores.

A ojos de buen cubero, y sin detener la marcha, se puede calcular, entre el Portillo del Fresno y el Páramo de Masa, espacio suficiente para construir más de mil barracones de uralita, lo que posibilitaría la estancia de más de 300.000 internos, sin contar con los pabellones de los vigilantes armados, los comisarios políticos y el Pabellón de los dos directores anteriormente mencionados. De las duchas se encargaría el compañero Guillermo Zapata, concejal de «Podemos» en Madrid, gran dominador de los cálculos de ceniceros y de los huesos para repuestos que pueden aprovecharse de los cadáveres.

De esos mil barracones, se habilitarían con urgencia setecientos de ellos, reservando trescientos para albergar a los dirigentes socialistas que les entregaron el poder, que es costumbre estalinista muy a tener en cuenta.

Porque van a pactar. Ténganlo por seguro. Y a treinta días de la formación del nuevo Gobierno de progreso y regeneración, se iniciará la construcción de los barracones, aunque se interrumpa la senda del lobo.