Pura estadística

Nos hemos acostumbrado a vivir rodeados de pobreza, de una miseria que nos parece menor que la de países menos desarrollados, pero que tal vez duele más a quien la sufre y se ve obligado a descender de un mundo a otro de manera irremediable. La crisis ha llenado España de pobres. Muchos de ellos han tardado en reconocerlo, en asumirlo, en superar la vergüenza de pedir y aceptar engrosar una lista de miserables, de la que, cuando se entra, parece imposible escapar. Es difícil ser pobre. Y más serlo sin amargura. Sobre todo cuando no se ve fin a la pobreza.

Cuando se siente que no se abandonará nunca el agujero y que no hay nadie que tire una liana de salvación. Atisbar una luz, por tenue que sea, aviva las esperanzas. Y en este caso, albricias, la luz se enciende desde el Consejo de Ministros, que acaba de aprobar el Plan Nacional de Inclusión Social 2013-2016 y se ha comprometido a destinar 136.000 millones en cuatro año. 93 millones al día para reducir entre 1.4 y 1,5 millones el número de personas en riesgo de pobreza y exclusión social. Son cifras tremebundas.

¿Ni con tantos millones se acabará con las necesidades sociales? No. La pobreza es insaciable. Y se multiplica como las bacterias más asesinas, mientras mata voluntades y dignidades. Por eso hay que atajarla con caridad y compresión..., pero más aún con ideas eficaces, para procurar trabajos a los desempleados ,que empiezan perdiendo el nombre al pasar a ser «el siguiente» en la cola del paro y que, cuando dejan de cobrarlo, descienden un escalón más y se convierten en pura estadística de la pobreza.